La chica del espejo

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Adela vuelve a entrar con unas toallas. Las deja sobre la cama.
-Tu turno -anuncia, mientras saca una llave del bolsillo de la bata, la mete en la cerradura y la hace girar. Abre la puerta de un empujón.
Entro y, como ya me había olvidado las normas, inicio un movimiento para cerrar pero lo intercepta antes de que tenga tiempo de completarlo -: Siempre abierta.
Suspiro, pero la obedezco. ¿Qué puedo hacer si no?
Me limpio los dientes y la oigo canturrear mientras cambia las sábanas y hace la cama. Por el rabillo del ojo observo la otra puerta del baño, simétrica a la mía y tras la cual está la habitación de las que van a ser mis compañeras. No se oye nada.
Adela mete la cabeza:
- ¿Va todo bien?- me pregunta
Digo que sí con la cabeza; tengo la boca llena de pasta de dientes.
-Voy a buscar un rollo de papel higiénico de recambio. Empieza a ducharte.
Me enjuago la boca, me quito el pijama y me miro el cuerpo desnudo reflejado en el espejo. Como está colgado sobre el lavabo, sólo me devuelve la imagen hasta las rodillas. Intento verme como me ven ellos: delgada hasta el dolor, hasta el horror, dicen. Un esqueleto, dicen. En cambio yo sólo soy capaz de verme como me siento: gorda. Me acaricio la cintura, subo las manos desde los riñones hasta la zona lumbar, buscando los desagradables michelines. Me pongo de perfil y me observo críticamente la barriga; la continúo viendo abultada, a pesar de que no me olvido de las palabras de mi madre cuando no hace mucho me vio desnuda: “la piel de un tambor, hija, eso parece tu vientre, plano y apergaminado”. Me observo los muslos y aunque se arquean considerablemente, me aterra que algún día lleguen a juntarse. Me contemplo las manos y los brazos: huesudos, dice Juan, pero yo no pienso lo mismo. ¿Cómo será mi cuerpo de aquí a tres o cuatro semanas? ¿Habré empezado a acumular más grasa de la que tengo ahora?
¡No quiero engordar! ¡No quiero engordar!
La chica del espejo me observa con terror. De repente se le hinchan las mejillas como si se hubiese metido una manzana entera en la boca. La papada se le desarrolla hasta el punto de que es imposible determinar los límites entre la barbilla y el cuello. Con un gemido, la chica alza impotente los brazos -unos brazos regordetes como globos que alguien hubiese retorcido por los extremos hasta dejarlos convertidos en ridículos perros-salchicha- y se tapa los pechos, una masa enorme, lechosa y temblona.
La opresión del pecho reaparece con una fuerza inusitada. Me ahogo. Trago una bocanada de aire tras otra con la mayor amplitud de que soy capaz y no consigo llenarme los pulmones. El corazón se me acelera y late irregularmente: de pronto tres latigazos seguidos; de repente ningún sonido. El cuerpo se me cubre de un sudor frío: me parece que me voy a desmayar. Quizá esto es la visita de la Parca (dice la Vilagut que las parcas regían el destino: una hilaba la lana, la otra la enrollaba y la tercera, la que determinaba el momento de la muerte, cortaba el hilo). Miro hacia el techo donde hasta hace un momento brillaban dos pequeños ojos de buey; han desaparecido. No entiendo por qué si las dos luces se han borrado del techo, la habitación continúa iluminada. Ahora los dos focos se hacen visibles de nuevo, con una luz imposible de contemplar. Cierro los ojos, me dejo ir y me siento en el borde de la bañera. No puedo más. Estoy asustada. Me parece que me estoy volviendo loca. Y no quiero engordar, no quiero.
-Pero niña, pordiós, ¿todavía no te has duchado?
Adela ha entrado sin avisar. Cuando nuestras miradas se cruzan, una sombra de alarma se asoma a sus ojos.
-¿Estás bien?- y se me pone al lado y me ayuda a incorporarme y a mantenerme derecha sin vacilaciones.
El pulso se me ha normalizado, el sudor ha desaparecido, la respiración ha recuperado ritmo.
-¿Te ves con ánimos de ducharte sola? -me pregunta Adela que aún me sujeta el brazo con fuerza.
-Sssí- le contesto titubeando. Y añado cuando noto que me suelta y que se dispone a salir de la habitación-: pero, por favor, no te vayas muy lejos.
-De acuerdo.

Fragmento de la novela Billete de ida y vuelta.

Gemma Lienas

Superar un trastorno del comportamiento alimentario

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Los trastornos del comportamiento alimentario se pueden curar. Este es el mensaje que transmite María Cuesta des de su libro “La meva anorèxia” (“Mi anorexia”). Maria añade su testimonio al de muchas otras adolescentes pero también al de muchas otras personas adultas que han podido plantar cara a una enfermedad como la anorexia o la bulimia nerviosas http://lamevaanorexia.cat/blog/.

Muchas veces hemos oído que los trastornos del comportamiento alimentario son enfermedades que acompañan a la persona a lo largo de toda su vida y no se llegan a superar nunca. Pero la experiencia de personas que han retomado su vida después de una enfermedad de este tipo, lo desmiente. Datos oficiales concluyen que más de un 70% de las personas que sufren anorexia o bulimia nerviosas se recuperan y mejoran significativamente.  Sí, después de sufrir anorexia nerviosa se puede salir adelante: retomar los estudios (en el caso de haber estado interrumpidos por la enfermedad), desarrollarse con éxito profesionalmente, formar una familia… en definitiva, continuar con todos aquellos proyectos que la persona se había planteado.
Sí, de acuerdo, los porcentajes sólo son porcentajes, pero en el caso que nos ocupa invitan al optimismo y a creer que la recuperación es posible.

Para superar los trastornos del comportamiento alimentario hace falta que la persona enferma pida ayuda y siga un tratamiento especializado. Estas condiciones harán posible el éxito y que muchas personas como María puedan afirmar que sufrieron un trastorno del comportamiento alimentario y ya lo han superado y seguramente fortalecidas para mirar el presente y el futuro de cara.

Para más información de centros y recursos especializados para familiares y enfermos podéis consultar la página oficial de FEACAB (Federación Española de Asociaciones de Lucha y Ayuda contra la Anorexia y la Bulimia nerviosas) www.feacab.org o bien, www.acab.org .

Cristina Carretero

¿Es tan importante llegar y mantenerte en el peso mínimo saludable para ‘curarse’ de la Anorexia nerviosa?

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Un tema recurrente en los grupos que tenemos con las pacientes hospitalizadas en nuestra unidad es el peso mínimo que deben alcanzar. La negociación de este peso mínimo saludable siempre es motivo de desacuerdo y, salvo raras ocasiones, nunca se llega a un consenso.

Sin embargo, aunque este puede ser un punto decisivo no tiene porque suponer que no se puedan trabajar otros aspectos relacionados. Teniendo en cuenta que el mejor índice de la respuesta al tratamiento es la recuperación ponderal, y de las funciones corporales relacionadas (aparición de la menstruación); y que sin un peso mínimo sano, no podemos afirmar que una paciente se ha recuperado de su trastorno (aunque en otros aspectos psicológicos esté casi normalizada). A veces, se obvian las motivaciones por las que alguien no quiere llegar a este peso.

Independientemente de que para quienes padecen un trastorno alimentario, bajar el peso y controlar la alimentación tiene un efecto inmediato en mejorar la autoestima y la sensación de control. Y que el control de la dieta facilita adquirir un sentido de individualización, habitualmente  enfrentándote a tu entorno familiar. Hacer dieta y controlar la ingesta acaba siendo una ‘excelente’ estrategia para manejar la ansiedad que te provocan las pequeñas contrariedades, las situaciones de fracaso o las ‘amenazas’ en las relaciones interpersonales.

No querer ganar peso, aunque estés convencido de que la enfermedad no te aporta ventajas, significa en último caso el mantener la posibilidad de volver a refugiarte en la enfermedad si alguna vez vuelves a tener miedo a tu futuro. Por lo tanto, en mi opinión, aceptar ganar y mantenerte en un peso mínimo saludable es cortarte la retirada – quemar las naves- ante la posibilidad de volver en el futuro a la enfermedad.

Luis Beato

¿Te sientes hinchad@ después de comer?

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Eres de l@s que cuando termina de comer nota que la cintura le aprieta, que se siente como un globo  a punto de explotar. Probablemente es debido a que padeces lo que coloquialmente llamamos como “tener gases”.

¿Qué es?
Esta sensación se conoce en términos científicos como flatulencia o meteorismo, es decir, un exceso de gases en el intestino que puede causar dolor y distensión abdominal (hinchazón del abdomen). Cuando los gases se acumulan en el estómago, se eliminan por vía bucal en forma de eructo. Sin embargo, cuando se acumulan en el intestino, se eliminan por vía anal. Únicamente una pequeña parte del aire ingerido es reabsorbido en el intestino delgado y pasa a la sangre.

¿Por qué se producen?
El gas acumulado en el intestino tiene dos orígenes: una parte se ingiere al tragar la comida y la otra es producida por las bacterias de la flora intestinal. Todos tenemos gas en mayor o menor cantidad, pero hay personas más propensas y sensibles.

  1. Las causas son variadas.  Si tienes este problema, te proponemos un listado que te facilitará revisar cuales pueden ser las causas en tu caso:
  2. Comer muy deprisa
  3. Masticar poco
  4. Comidas muy abundantes
  5. Comidas con demasiadas especies
  6. Bebidas con gas
  7. Hablar mientras comes (masticas)
  8. Estrés
  9. Fumar
  10. Aumentar bruscamente la ingesta de fibra
  11. Abusar de los chicles y caramelos sin azúcar
  12. Empleo de antibióticos que desequilibran la flora intestinal
  13. Comidas muy ricas en proteínas y grasas
  14. Frutas muy dulces: pasas, ciruelas, plátanos, fruta en almíbar
  15. Bebidas alcohólicas de baja graduación (cerveza, vino)

Hay algunos alimentos que pueden producir más gases, los llamados alimentos flatulentos: Legumbres, coles, cereales integrales, verduras muy fibrosas como la acelga, espinaca, lechuga entre otros.

En algunas ocasiones puede ser debido algún problema de salud y/o enfermedad, como el estreñimiento, la intolerancia a la lactosa, la gastritis, y otras enfermedades que pueden afectar al intestino.

¿Cómo reducirlos o eliminarlos?
Primeramente hemos de descubrir cuál es la causa más probable en nuestro caso, lo que nos permitirá afrontar mejor el problema.

Si crees que las causas citadas no son  la causa de tus gases, te recomiendo que visites a un médico que descarte enfermedades o intolerancias.

A partir de allí, podemos intentar reducir o eliminar los gases de las siguientes formas:

  1. Elimina los alimentos que los producen:
  2. Verduras flatulentas (alcachofa, col, coliflor, brócoli, coles de Bruselas, guisantes, pimiento, pepino, rábanos, cebollas, puerros y ajos)
  3. Legumbres (pasarlas por el chino o pasapurés para eliminar la piel que es la que produce más problemas).
  4. Repostería y bollería muy rica en azúcar, grasa y chocolate.
  5. Come con calma, masticando bien (10-20 veces cada bocado), recuerda que la digestión empieza en la boca.
  6. Bebe despacio y poca cantidad de líquidos en la comida
  7. Elimina las bebidas con gas
  8. Haz comidas ligeras
  9. Evita el pan recién hecho
  10. Toma la pasta bien cocida.
  11. Toma yogures (ver el blog de los probióticos)Termina la comida con infusiones de menta, anís, hinojo, manzanilla, hierbabuena en lugar del café (puede irritar el estómago) o té.
  12. No te acuestes después de comer
  13. No fumes

Si hay intolerancia a la lactosa (debe comprobarse si es total o parcial), debido a un déficit del enzima “lactasa” que es el encargado de digerir la lactosa contenida en la leche, la solución es suprimir la leche. Cuando la intolerancia es parcial, se puede tomar en poca cantidad sin problemas, y aún se toleran mejor los yogures y quesos (ya que tiene menos lactosa). En estos casos es necesario tomar otros alimentos ricos en calcio o suplementos de calcio.

Marta Castells

Helados, polos y sorbetes… ¿alimentos nutritivos?

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Cuando el sol y el calor aprietan, es difícil resistirse a la tentación de consumir estos refrescantes y apetitosos alimentos.

No obstante, entre las muchas creencias erróneas que existen sobre su composición y valor nutricional, y a la oferta cada vez más grande y más variada, resulta difícil decirse entre uno u otro.

Alguna de estas creencias es la de pensar que los polos son sólo agua o que los helados sin azúcar ayudan a adelgazar ¿Son ciertas estas suposiciones? Vamos a verlo…

Podemos clasificar los helados en tres grupos, según los ingredientes utilizados en su elaboración:
•    Helados preparados a partir de crema o nata, leche entera o desnatada y grasa animal o grasa vegetal saturada (palma y coco).
•    Los de hielo, como los polos, los sorbetes o los granizados.
•    Los helados especiales, elaborados con edulcorantes no calóricos como la sacarina, los helados bajos en calorías o Light (con edulcorantes no calóricos y sin grasas) y los helados sin azúcar elaborados con fructosa.

Esta diferencia de ingredientes, es la que da características energéticas y nutritivas distintas a cada grupo.

El ingrediente principal en la elaboración de los polos y sorbetes es el agua, por lo que este tipo de helados posee un escaso aporte calórico, alrededor de 70 calorías por 100 g, frente a las 200 o 300 kcal/100 g que aportan los helados tipo crema y nata.

Los helados de hielo no contienen grasa ni colesterol ya que en su elaboración no se utiliza nata ni leche, y por esta misma razón tampoco contienen proteínas. Por lo tanto, el valor calórico de los helados de hielo dependerá de la cantidad de azúcar utilizada, que puede llegar a ser bastante elevada.

Los helados tipo crema o leche, nos aportan sustancias nutritivas como proteínas de calidad, minerales y vitaminas. No obstante, también contienen grasa, mayoritariamente saturada. Los helados cuya base es el agua, apenas tienen minerales ni vitaminas puesto que la cantidad de fruta que se emplea en su elaboración es escasa.

En conclusión, aunque los polos y sorbetes son alimentos de bajo aporte calórico y no contienen grasa ni colesterol, su contenido en azúcar y aditivos artificiales, así como su escaso valor nutricional, los convierten en alimentos a consumir de forma esporádica. Pueden refrescarnos e hidratarnos gracias a su alto contenido en agua, pero no calman la sed debido a que contienen demasiado azúcar.

En cuanto a los helados tipo nata, consumidos de forma esporádica y moderada, y siempre dentro del contexto de una dieta equilibrada, pueden considerarse un postre o una merienda deliciosa y nutritiva, mejor aún si se combinan con fruta fresca.

Y en cuanto a los helados Light o bajos en calorías, recomendamos leer las etiquetas, ya que aunque pueden ser opciones más ligeras, contienen bastantes aditivos y no siempre son tan ligeros como parecen ser. Por ejemplo, si el producto no contiene azúcar pero incluye fructosa para endulzar, tendrá las mismas calorías que si llevara azúcar.

Anna Pons

Mi hija ¿anoréxica?

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P- Tampoco es por mi familia. Creo que lloro por mi misma, porque me siento miserable.
T- ¡Miserable! Qué adjetivos tan duros utilizas para calificarte.
P- Me siento muy pringada. No es divertido.
T- Estoy seguro de ello, pero no es más que una consecuencia de la enfermedad. Tienes que convencerte, Marta: que te cures depende sólo de ti, de que aceptes que estás enferma y que tienes que cooperar para salir de la enfermedad. ¿Lo entiendes, no?
P- Sí.
T- ¿Quieres que los llame y les dé yo mismo la noticia?

¡No! ¡De ninguna manera! A aquella hora no estaría en casa más que su padre (y los gemelos y Bes, naturalmente). Prefería que la noticia la recibiesen al mismo tiempo el padre y la madre, y de su boca. Por lo menos su madre tendría una reacción. Mala, seguro. Marta podía imaginar cómo se enfadaría y le echaría en cara (cargada de razón) que les hubiese dicho mentiras (¿otra vez, Marta?) a propósito de la comida. Se imaginaba también que se entristecería, porque le parecería grave tener que internar a su hija mayor en el hospital. Y seguramente se revolvería contra sí misma, porque se consideraría responsable, en parte (ella era  Doña Perfecta), de lo que le había pasado a Marta. Sí, ya sabía que no la iba a aplaudir pero, así y  todo, la apoyaría.
En cambio su padre no sabría qué decir. Por su naturaleza porexpánica y porque no entendía nada de nada de lo que le estaba pasando a su hija mayor.
Marta recordó la cara de sorpresa que había puesto su padre la tarde que Juan les comunicó el diagnóstico de su enfermedad. En cambio la madre, no movió ni un músculo. Ella lo sospechaba de un tiempo a esta parte, por eso había buscado un sicólogo, por eso los había arrastrado a ella y a Pedro al ambulatorio. El padre no lo podía entender. ”¿Anoréxica?”, repetía una y otra vez como si le costase entender la palabra. Pero cuando Juan comenzó una explicación técnica para que se hiciese cargo de cuál era la enfermedad que tenía Marta, Pedro lo cortó. “Sé perfectamente en qué consiste la anorexia. Leo los periódicos y no se me escapa de qué va esta enfermedad”. Y añadió que lo que le había dejado pasmado era que la tuviese su hija. “Creía que esto sólo le pasaba a las modelos y a algunas deportistas de élite”. Aquella tarde Pedro miraba fijamente a Marta como si la viese por primera vez, como si fuese una desconocida para él o como si acabase de descubrir una faceta nueva tan imprevisible que la reducía a la condición de una extraña. Y Juan, con paciencia y tacto le había explicado que aquello era cada vez más frecuente y que muchísimas chicas -más que chicos- estaban atrapadas en aquel infierno, y que eran hijas de familias normales, con padres normales, hermanos normales, con maneras de ser normales y con expedientes académicos incluso brillantes. “Sí, sí”, decía el padre, a quien tanta normalidad le resultaba familiar, pero que continuaba sin saber cómo encajar la pieza del rompecabezas que le habían puesto en las manos: la anorexia de la hija.

Fragmento de la novela Billete de ida y vuelta.

Gemma Lienas

La globalización del ideal de belleza

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Durante el 2009, alrededor de un 7,5% de las personas atendidas en una unidad de trastornos de la conducta alimentaria catalana, no habían nacido en el estado español. Este porcentaje corresponde a los 292 casos que estas unidades especializadas han registrado de personas procedentes de una cultura no occidental. Estas cifras podrían indicar que el hecho de proceder de una cultura no occidental no necesariamente protege de padecer una enfermedad como la anorexia o la bulimia nerviosas.

Distintos estudios indican que el ideal de belleza femenino occidental, el cual se ha identificado como un factor de riesgo de sufrir un trastorno del comportamiento alimentario, se estaría globalizando. Esto significaría que en culturas donde tradicionalmente se valoraba como bello un cuerpo femenino con más formas y con características propias de la etnia a la cual representa, se estaría substituyendo por el ideal de belleza de mujer caucásica. Este ideal de belleza occidental se aleja mucho el ideal de países orientales y para parecerse a él, las mujeres tendrían que modificar mucho su cuerpo. Actualmente están aumentando las investigaciones en países no occidentales sobre la prevalencia de trastornos del comportamiento alimentario. No obstante, los estudios continúan siendo escasos aunque en países en vías de desarrollo se constata que se estarían aumentando estos trastornos.

Otras investigaciones se dirigen a estudiar el riesgo de las personas que han emigrado a países occidentales. Después de cierto tiempo de convivencia pueden asumir el ideal de belleza occidental como propio y personas que presentaban otros factores de riesgo descritos como predisponentes de sufrir anorexia o bulimia nerviosas, acabar desarrollando un trastorno de este tipo. A partir de la consulta a diferentes especialistas que tratan a personas que sufren un trastorno del comportamiento alimentario en España y los datos que aportan distintas investigaciones en este campo, parece ser que las chicas latinoamericanas son las que presentan mayor riesgo de sufrir una enfermedad de este tipo.

Por un lado, la globalización el ideal de belleza (ya no solamente en países occidentales se valora un cuerpo extremadamente delgado) y por el otro, el hecho de convivir en culturas donde se sobrevalora el hecho de estar delgado y se rechaza el sobrepeso, puede acabar equiparándose el riesgo a sufrir un trastorno del comportamiento alimentario entre personas que culturalmente parecían protegidas.

Ante estas cifras parece importante impulsar la investigación de la prevalencia de los trastornos del comportamiento alimentario en España entre población inmigrante con el fin de diseñar programas preventivos específicos dirigidos a este colectivo.

Cristina Carretero

¿Sabes qué relación tienen los probióticos con el intestino?

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Piensas que el intestino solo sirve para digerir los alimentos. Es cierto que es una de sus las funciones, pero no es la única. También desempeña un papel fundamental en el sistema inmunológico, más de un 60% de nuestras defensas dependen del intestino. Te sorprende, verdad?
Y de quién depende que el intestino funcione correctamente? Tanto desde el punto de vista de la digestión como desde el punto de vista de las defensas. La principal responsable del equilibrio intestinal es la microflora intestinal (también llamada microbiota), es decir de todos los microorganismos que viven en el intestino, que “únicamente son” unos cuantos trillones (has leído bien) de más de 400 especies.
Tienen mucho espacio para asentarse y crecer, piensa que si pudiéramos estirar toda la mucosa intestinal (con sus microvellosidades), ocuparía tanto como un campo de futbol.

El intestino del bebé antes de nacer es estéril. A partir del nacimiento empiezan a establecerse diferentes microorganismos. El que se establezcan unos u otros depende de varios factores, como la alimentación, las enfermedades, la edad, la toma de antibióticos, etc. Antes de los 4 años ya tenemos una flora bastante estable, que es característica de cada individuo (mientras está sano), incluso se habla del DNI intestinal.
Nosotros crecemos y desarrollamos en un entorno con bacterias, convivimos con ellas. Nuestra salud y bienestar depende del equilibrio que establecemos con esa población bacteriana que nos ayudan a digerir los alimentos, la fibra vegetal, sintetizan vitaminas que no podemos fabricar y nos ayudan a mantener funcionando adecuadamente nuestros mecanismos inmunitarios.
El tubo digestivo y la microflora son interdependientes y su equilibrio condiciona nuestra salud. Un cambio en esa población bacteriana puede dar lugar a un desequilibrio que favorece las llamadas “enfermedades de la civilización”: intolerancias, alergias, enfermedades inflamatorias crónicas, estreñimiento….
Te preguntarás qué puedes hacer para mejorar el estado del tubo digestivo y de los microorganismos que habitan en él.
Imagino que conoces la respuesta: una alimentación saludable (fruta, verduras, pescado, etc.) y los probióticos.
Probiótico es una palabra de origen griego que significa “a favor de la vida”.
Los probióticos son microorganismos vivos que ingeridos en cantidad adecuada proporcionan beneficios saludables. Estimulan el crecimiento de otros microorganismos beneficiosos para el huésped, mejorando el equilibrio microbiano intestinal.
Se utilizan en la alimentación desde tiempos antiguos y tú seguro que has comido en muchas ocasiones”probióticos” (aunque posiblemente sin saberlo), me refiero a los yogures, contienen microorganismos vivos que contribuyen  a modificar la composición de la microflora intestinal y de esta forma influir en la salud.
En la actualidad hay gran cantidad de alimentos con probióticos ya sea en forma de alimento como los yogures, o también en suplementos en forma de polvo, comprimidos o cápsulas.
Cuando se habla de probióticos es un término general que incluye muchos tipos de bacterias, cada una de ellas tiene características diferentes. Los tipos más comunes pertenecen a las familias, como Lactobacillus, bifidobanterium, streptococcus, etc. En la actualidad se está investigando sobre la utilidad de cada uno de los probióticos en el tratamiento de diversas enfermedades.
Para mejorar tu salud, recuerda que los probióticos, tomados de forma regular, poseen efectos nutricionales ya que ayudan a mejoran la digestibilidad de los alimentos y favorecen la absorción de diversos nutrientes como vitaminas y minerales. Pueden aliviar muchos problemas intestinales y también mejorar tu sistema defensivo al competir con las bacterias patógenas impidiendo su crecimiento.

Marta Castells

Alimentación, peso y tabaco

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Es bien sabido que el consumo de tabaco constituye un factor de riesgo para muy diferentes trastornos somáticos: enfermedades cardíacas (angina de pecho, infarto), respiratorias (bronquitis, asma, enfisema), cáncer (laringe, faringe, esófago, pulmón), digestivas (úlceras, gastritis), sexuales (impotencia, pérdida de deseo sexual), etc.  Estas consecuencias son bien conocidas y son objeto de numerosas campañas para reducir el consumo de tabaco y, por tanto, prevenir esas larga lista de trastornos.
Pero la intoxicación nicotínica también tiene otro tipo de consecuencias: insomnio, pesadillas, alteraciones del estado de ánimo, dificultades de concentración, irritabilidad, etc.
Siendo todo ello importante, en los últimos años se está poniendo de manifiesto otro de los riesgos del consumo de tabaco especialmente por parte de adolescentes. Se trata de que fumar facilita el consumo de cannabis (marihuana) y de alcohol. Es decir la práctica de un comportamiento de riesgo aumenta el peligro de desarrollar otros comportamientos de riesgo, teniendo cada uno de ellos sus propias consecuencias específicas negativas.
Durante los últimos cuatro o cinco años, en algunos países, y con certeza en España, las muchachas adolescentes fumadoras han superado ya en número a los adolescentes fumadores. Lamentablemente, la razón  principal de esta peligrosa toma de decisión es la creencia de que el tabaco permite un mejor control del peso. Es decir se supone que el tabaco reduce el apetito, y, en consecuencia va a ser posible adelgazar fumando. Este tipo de planteamientos es llevado a cabo por muchachas insatisfechas por sus cuerpos y practicando, mucho o poco, dietas restrictivas, es decir conductas de riesgo.
Así pues, por su insatisfacción corporal, frecuentemente injustificada, adoptan un comportamiento de riesgo (fumar) que, añadido a una dieta hipocalórica, les va a permitir adentrarse en el terreno resbaladizo del consumo de sustancias tóxicas. Con un añadido: este tipo de situaciones, por una serie de factores que sería prolijo enumerar aquí, suelen acompañarse de la aparición de síntomas depresivos. Establecido el ánimo depresivo empeora la  percepción de la imagen corporal, suelen incrementarse los ayunos, y se exacerba el consumo de sustancias tóxicas.
¿Merece la pena  complicarse la vida hasta tal punto?
Ni dietas restrictivas injustificadas, ni consumo de tabaco en ningún caso, y mucho menos para controlar el peso.

Josep Toro

Cardiorresonancia magnética

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Una técnica segura y muy útil

Es un método que sirve para el diagnóstico y la evaluación de la gravedad de numerosas enfermedades del corazón y de las arterias de mediano y de gran tamaño.

Cardio resonancia magneticaLos continuos avances técnicos han permitido que la resonancia magnética se pueda utilizar para analizar las estructuras del corazón que están en continuo movimiento. Y es que una limitación que tenía la resonancia magnética y que ha sido superada era la dificultad que existía para ver nítidamente todo lo que se mueve. Esta técnica se viene aplicando desde hace muchos años y con eficacia para el diagnóstico de enfermedades de los tejidos blandos que se pueden explorar en reposo; entre ellos destacan los del cerebro, los ligamentos de las articulaciones, los músculos o los tumores. Actualmente, su aplicación al corazón y estructuras vasculares para el estudio de las enfermedades cardiovasculares ya es rutinaria en numerosos hospitales del mundo.

Indicaciones

Las sociedades científicas internacionales recomiendan la utilización de la cardiorresonancia magnética para el diagnóstico y valoración de 17 situaciones
clínicas relacionadas con enfermedades cardiovasculares, cuando otras técnicas no pueden ofrecer información concluyente.

Por ejemplo, en el caso de la insuficiencia cardíaca, su causa se valora habitualmente mediante otras exploraciones usuales. Sin embargo, en algunos casos en los que la causa no es bien conocida, la cardiorresonancia magnética podría identificarla y así poder decidir el tratamiento adecuado. Varias enfermedades que afectan al músculo cardíaco se pueden beneficiar de la información aportada por la cardiorresonancia magnética, como son la miocardiopatía hipertrofica, la miocarditis, la sarcoidosis cardíaca, la hemocromatosis cardíaca y la displasia arritmogénica, además de otras enfermedades poco frecuentes. Esta técnica ha demostrado ser muy eficaz para valorar la extensión del infarto de miocardio y para detectar la cantidad de músculo cardíaco vivo o viable que se podría beneficiar de un tratamiento determinado.

También permite realizar el diagnóstico de antecedentes de infarto de miocardio no conocido por otras técnicas. En este sentido, en un estudio realizado en población mayor de 70 años de Suecia, la cardiorresonancia magnética demostró la existencia de pequeños infartos de miocardio no conocidos previamente en algunos casos. Esta información permitió iniciar un tratamiento adecuado.

Algunas enfermedades que dilatan la aorta progresivamente requieren un seguimiento para valorar los cambios de tamaño con el paso del tiempo. Tanto la tomografía computarizada (TAC) como la resonancia magnética son muy útiles para este propósito. Sin embargo, cuando se van a realizar numerosos estudios de seguimiento a un paciente, hay que considerar la dosis que acumulará de radiación si se repiten numerosos estudios de TAC. En este caso se pueden considerar las posibilidades de la resonancia magnética, ya que esta última no produce radiación.

En cardiopatías congénitas

La cardiorresonancia magnética ha demostrado desde hace años ser uno de los métodos más precisos para realizar el diagnóstico y estimar su gravedad. El seguimiento con esta técnica de los pacientes operados de cardiopatías congénitas complejas permite detectar precozmente el posible deterioro de la enfermedad asociado a su evolución.

Exploración

La resonancia magnética es una técnica diagnóstica considerada como de alto grado de seguridad para la mayoría de la población. Además, no se aplican radiaciones al paciente. Las exploraciones pueden realizarse sin o con la inyección de contrastes basados en gadolinio. En este último caso hay que tener en cuenta si el paciente tiene antecedentes de insuficiencia renal para decidir si se aplica o no el contraste.

El paciente debe informar si tiene en su cuerpo algún dispositivo (como algún tipo de prótesis valvular, desfibriladores…) o partículas metálicas, incluyendo esquirlas metálicas o extensos tatuajes, para que el médico valore si son compatibles con la resonancia magnética.

Ocasionalmente, algunos pacientes, durante la prueba, pueden sentirse psicológicamente incómodos dentro del tubo de la resonancia magnética. Si no tienen claustrofobia manifiesta, habitualmente esa sensación desaparece a los pocos minutos de comenzar el estudio y comunicarse con el técnico por medio de un intercomunicador.

Hoy, muchos de los hospitales públicos y privados disponen en la actualidad de la tecnología suficiente para realizar estudios de cardiorresonancia magnética de aplicación al estudio de las enfermedades cardiovasculares.

Fundación Española del Corazón