Sol y piel: Amistades peligrosas
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Por norma general… a mí el sol me pone de buen humor. De muy buen humor. Me sienta bien. Eso siempre y cuando no aparezca un enrojecimiento en mi piel… El cuál sospechosamente hace su aparición momentos después de mi exposición al sol. Si, es lo que estáis pensando… El sol me pone de buen humor hasta que me quema y entonces me pone de mal humor. De muy mal humor. Porque me duele… y mucho.
Las quemaduras solares –esas lesiones que se producen sobre la piel por obra y gracia de los rayos ultravioletas del sol- se dividen en tres tipos: están las de primer grado, las de segundo grado y sus ampollas y las de tercer grado y la muerte de tejidos subyacentes a la piel con heridas profundas usualmente en labios y otras áreas de gran sensibilidad.
Por suerte dentro de la desgracia, mis quemaduras son de primer grado. Lo sé por el tono rojizo que ha adquirido mi piel. Lo siento por el dolor que me persigue desde ayer al atardecer. Y para mitigar en la medida de lo posible ese dolor, barra, ardor, recurrí al típico after sun. Pero como el dolor no desaparecía, recurrí a embadurnarme con crema hidratante con vitamina E y aloe vera, que no solo me alivió el dolor sino que también ayudó a mi piel a empezar su recuperación.
Estos remedios ya los había utilizado otras muchas veces. Veces en las que cometo el gravísimo error de infravalorar la fuerza del sol. Y claro, ayer me paso de nuevo, y el sol me dejo k.o en el primer asalto. Decidí innovar y buscar nuevos remedios. Moje una gasa en leche fría y la aplique sobre las áreas quemadas durante media hora. Cuando terminé me aplique yogurt y posteriormente me enjuague con una ducha de agua fría para más tarde secar con mucho cuidado mi piel a base de pequeños golpecitos. Ni se me ocurrió friccionar mi piel con la toalla para secarme ya que me hubiese provocado una irritación que no hubiese hecho sino aumentar mi dolor.
Mientras me daba a la tarea de los remedios paliativos de mi desazón, bebía mucha agua para ayudar a contrarrestar el efecto secante de las quemaduras. Por la noche evite en la medida de lo posible todo roce con las sábanas y demás utensilios del arte de dormir.
Para hoy tengo previsto recurrir al aloe vera y el pepino, porque yo el pepino, lo mismo me lo como que lo utilizo para calmar el ardor de mis quemaduras. Y por supuesto que hoy no tengo ni el más mínimo pensamiento de exponer al sol mis zonas quemadas.
Supongo que echaréis en falta el remedio popular del vinagre. Puede con los pipis, calma el dolor, alinea ensaladas… Luego esta también su faceta de asesino de glóbulos blancos… Pero en el ámbito que hoy nos compete, el vinagre es nuestro aliado. Bien empapando con él pañitos que una vez húmedos pondremos en las zonas irritadas. O bien echándolo en la bañera de agua fría… o fresca cuanto menos.
Lo cierto es que el mejor remedio de todos ante posibles quemaduras del astro rey es PREVENIR. Mejor que curar. Prevenir para que la melanina siga protegiendo tu piel. Si no el sol nos pasará factura… Y cuando eso ocurra, puede que ya sea tarde para pagar.
Foto: deviantArt.com

Virginia Seseña
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