Siendo éste un blog de alimentación y salud, creo que es de obligado cumplimiento hablar de una de las principales lacras de nuestra sociedad (siempre hablando de salud): la obesidad infantil, algo que en los últimos años está cogiendo un cariz epidémico. Bien es cierto que el sobrepeso afecta cada vez más a mayor número de ciudadanos, sin importar la edad, pero no es menos cierto que padecerlo en niños y jóvenes es altamente preocupante.
Y eso que acabar con la obesidad (infantil o de cualquier tipo) no tiene demasiados misterios. Dos ingredientes son básicos: cambiar los hábitos alimentarios y desterrar el sedentarismo.
El primer paso –la dieta- supone en ocasiones un verdadero quebradero de cabeza para muchos padres, porque los hijos son algo tiquismiquis para la comida. Que si no me gusta el pescado, que si no me gusta la verdura… Para lo que no suelen poner mucho problema es para las frituras y la bollería industrial. Pues bien, se trata de darle la vuelta a la tortilla. La famosa pirámide nutricional adquiere un papel crucial, cobre todo en cuerpos que aún se están desarrollando. Una mala alimentación en periodos de infancia y adolescencia puede acarrear muchos problemas de salud para los más peques, como colesterol o hipertensión; además de problemas de tipo psicológico como baja autoestima o estigma social (hay que visitar algunos colegios para ver lo crueles que son los niños con el gordito de la clase…).
Para evitar todo eso, hay que hacer hincapié en el segundo punto arriba citado. Con la llegada de las nuevas tecnologías –móviles, videojuegos, ordenadores…-, el nivel de actividad física de nuestros adolescentes se ha visto reducido, casi en exclusiva, a las clase de Educación Física del colegio (y porque les obligan). Sería recomendable que los padres animasen a sus hijos al desarrollo de alguna actividad física fuera de lo estrictamente lectivo. No hace falta meter al crío en un gimnasio, rodeado de vigoréxicos; conque se apunte a un deporte como actividad extraescolar es suficiente. El entrenar varios días y jugar los domingos le beneficiará en su salud y en sus relaciones sociales.
Todo esto es lo que se recomienda a un chaval para llevar una vida más sana, dejar de lado el sedentarismo y ser más feliz. Pero de nada servirá si lo que el niño ve en casa es poco saludable. Por eso, los padres deberían dar ejemplo a los más pequeños, porque ya se sabe que un niño siempre trata de imitar lo que hacen sus mayores, que al fin y al cabo, son su referencia diaria. Vamos, lo que en el acervo popular se conoce como ‘culo veo, culo quiero’.
Fuente foto: Deviant Art

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