Que levante la mano el primero que no haya tenido una contractura en su vida. Si es así, querido lector, créeme que eres un afortunado. Las contracturas musculares se producen porque los músculos se contraen de forma persistente e involuntaria. Un excesivo esfuerzo o una mala postura pueden desencadenar que pasemos unos días un tanto doloridos. Porque, otra cosa no, pero dolorosas son un rato.
En personas poco acostumbradas a hacer ejercicio físico, una contractura puede aparecer en el momento menos pensado. Al hacer movimientos bruscos en una acción tan simple como correr o realizar las tareas del hogar, puede aparecer una contractura. Los músculos no están acostumbrados al ejercicio constante y al someterlos a un esfuerzo excesivo, se pinzan provocando ese dolor que a muchos nos es familiar.
Si hablamos de deportistas de alto nivel, también es muy frecuente que padezcan este tipo de dolencia. En su caso, se produce por el excesivo estiramiento de las fibras musculares, provocado por el ritmo tan alto de exigencia física. Esto provoca en ellos algunas lesiones en los tejidos musculares o en las articulaciones. Una o dos semanas suelen bastar para reparar la zona dañada y seguir con el ritmo de competición, pero no están exentos de que les vuelva a pasar.
Para prevenirlas, es altamente recomendable practicar algún tipo de ejercicio físico de manera regular –tranquilos, que no hablo de emular el entrenamiento de un profesional-, sin olvidarnos de hacer un calentamiento serio antes de calzarnos las zapatillas de deporte, además de un enfriamiento posterior para hacer que los músculos vuelvan a su estado natural después de hacer deporte.
Si tenéis la desgracia de que la contractura ya os ha hecho una visita, el reposo suele ser el mejor tratamiento para que se nos pase el dolor cuanto antes. Aplicar calor en la zona afectada –con una manta eléctrica o aplicando agua muy caliente con la alcachofa de la ducha- también ayuda a calmar el dolor. Eso sí, si veis que pasan los días y la cosa no mejora, la fisioterapia puede ser vuestra mejor aliada.
Ahora que está punto de empezar el invierno y el frío es nuestro compañero de viaje allá donde vamos, aumenta la aparición de contracturas. ¿La explicación? Muy simple: al andar por la calle y querer resguardarnos del frío, tendemos a forzar la postura del cuello, los hombros y la espalda. Esto hace que, si es muy prolongado, se agarroten los músculos y empecemos a sentir dolor. Así que, amigos, a caminar derecho y mantener un ritmo de vida activo. Vuestros músculos os lo agradecerán.
Fuente foto: Deviant Art

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