09 Junio 2010
La joven nadadora se retira de las competiciones
Adolescentes, Alimentación, Experiencias, Sin categoría
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Desde que Luisa tenía 10 años mostró ser una nadadora muy veloz. Los padres orgullosos fomentaron su práctica deportiva inscribiéndola en la más prestigiosa escuela de natación de su ciudad. A los 11 años Luisa asistía cinco días a la semana a sesiones de natación en las que la preparaban para desarrollar fuerza y resistencia. A los 13 años ya era miembro de un importante grupo de nadadoras donde existía un altísimo nivel de exigencia.
El entrenamiento era muy, muy intenso, el esfuerzo constante era prioritario. Cada día después de salir de la escuela Luisa caminaba rumbo a la piscina donde pasaba la tarde. Fuera del ámbito de la natación, las actividades sociales y recreativas eran prácticamente nulas. No había tiempo para salir con los amigos, solo había tiempo para entrenar.
Para mantener y aumentar el rendimiento deportivo debía seguir una rigurosa dieta. La hora de la comida era especialmente difícil para Luisa, no se podía quitar de la cabeza la idea de que “debía vigilar lo que comía para lograr los resultados esperados”.
Luisa participaba periódicamente en competiciones. Sus padres la acompañaban siempre recordándole que podía llegar a donde ella quisiera, siempre y cuando se esforzara y siguiera al pie de la letra las recomendaciones de su equipo. Al concluir cada competición el padre le insistía en que podía dar más, que lo podía hacer mejor.
Durante los periodos de preparación de la competición se incrementaban las horas de entreno. La ansiedad que persistía prácticamente durante todo el día, aumentaba exponencialmente cuando pensaba en la competición y la posibilidad de no lograr el esperado triunfo. Luisa intentaba acallar la ansiedad comiendo, comiendo todo tipo de alimentos, comiendo rápido, muy rápido, tan rápido y a escondidas, no deseaba que nadie se diera cuenta. Cuidaba de no dejar rastro de todo lo que había ingerido. Al momentáneo alivio de la ansiedad le seguía la culpa, la culpa que parecía imposible de aplacar. La ansiedad y los atracones se fueron haciendo cada vez mas frecuentes, la culpa se transformó en una gran montaña. Luisa sufría, sufría y padecía un Trastorno del Comportamiento Alimentario.
Los especialistas afirman que los deportes de alta competición multiplican por cinco el riesgo de sufrir un Trastorno del Comportamiento Alimentario. Este ha sido el caso de Luisa, la joven nadadora se retira de las competiciones después de ser diagnosticada de Trastorno del Comportamiento Alimentario.







