Superar un trastorno del comportamiento alimentario

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Los trastornos del comportamiento alimentario se pueden curar. Este es el mensaje que transmite María Cuesta des de su libro “La meva anorèxia” (“Mi anorexia”). Maria añade su testimonio al de muchas otras adolescentes pero también al de muchas otras personas adultas que han podido plantar cara a una enfermedad como la anorexia o la bulimia nerviosas http://lamevaanorexia.cat/blog/.

Muchas veces hemos oído que los trastornos del comportamiento alimentario son enfermedades que acompañan a la persona a lo largo de toda su vida y no se llegan a superar nunca. Pero la experiencia de personas que han retomado su vida después de una enfermedad de este tipo, lo desmiente. Datos oficiales concluyen que más de un 70% de las personas que sufren anorexia o bulimia nerviosas se recuperan y mejoran significativamente.  Sí, después de sufrir anorexia nerviosa se puede salir adelante: retomar los estudios (en el caso de haber estado interrumpidos por la enfermedad), desarrollarse con éxito profesionalmente, formar una familia… en definitiva, continuar con todos aquellos proyectos que la persona se había planteado.
Sí, de acuerdo, los porcentajes sólo son porcentajes, pero en el caso que nos ocupa invitan al optimismo y a creer que la recuperación es posible.

Para superar los trastornos del comportamiento alimentario hace falta que la persona enferma pida ayuda y siga un tratamiento especializado. Estas condiciones harán posible el éxito y que muchas personas como María puedan afirmar que sufrieron un trastorno del comportamiento alimentario y ya lo han superado y seguramente fortalecidas para mirar el presente y el futuro de cara.

Para más información de centros y recursos especializados para familiares y enfermos podéis consultar la página oficial de FEACAB (Federación Española de Asociaciones de Lucha y Ayuda contra la Anorexia y la Bulimia nerviosas) www.feacab.org o bien, www.acab.org .

Cristina Carretero

¿Es tan importante llegar y mantenerte en el peso mínimo saludable para ‘curarse’ de la Anorexia nerviosa?

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Un tema recurrente en los grupos que tenemos con las pacientes hospitalizadas en nuestra unidad es el peso mínimo que deben alcanzar. La negociación de este peso mínimo saludable siempre es motivo de desacuerdo y, salvo raras ocasiones, nunca se llega a un consenso.

Sin embargo, aunque este puede ser un punto decisivo no tiene porque suponer que no se puedan trabajar otros aspectos relacionados. Teniendo en cuenta que el mejor índice de la respuesta al tratamiento es la recuperación ponderal, y de las funciones corporales relacionadas (aparición de la menstruación); y que sin un peso mínimo sano, no podemos afirmar que una paciente se ha recuperado de su trastorno (aunque en otros aspectos psicológicos esté casi normalizada). A veces, se obvian las motivaciones por las que alguien no quiere llegar a este peso.

Independientemente de que para quienes padecen un trastorno alimentario, bajar el peso y controlar la alimentación tiene un efecto inmediato en mejorar la autoestima y la sensación de control. Y que el control de la dieta facilita adquirir un sentido de individualización, habitualmente  enfrentándote a tu entorno familiar. Hacer dieta y controlar la ingesta acaba siendo una ‘excelente’ estrategia para manejar la ansiedad que te provocan las pequeñas contrariedades, las situaciones de fracaso o las ‘amenazas’ en las relaciones interpersonales.

No querer ganar peso, aunque estés convencido de que la enfermedad no te aporta ventajas, significa en último caso el mantener la posibilidad de volver a refugiarte en la enfermedad si alguna vez vuelves a tener miedo a tu futuro. Por lo tanto, en mi opinión, aceptar ganar y mantenerte en un peso mínimo saludable es cortarte la retirada – quemar las naves- ante la posibilidad de volver en el futuro a la enfermedad.

Luis Beato

Mi hija ¿anoréxica?

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P- Tampoco es por mi familia. Creo que lloro por mi misma, porque me siento miserable.
T- ¡Miserable! Qué adjetivos tan duros utilizas para calificarte.
P- Me siento muy pringada. No es divertido.
T- Estoy seguro de ello, pero no es más que una consecuencia de la enfermedad. Tienes que convencerte, Marta: que te cures depende sólo de ti, de que aceptes que estás enferma y que tienes que cooperar para salir de la enfermedad. ¿Lo entiendes, no?
P- Sí.
T- ¿Quieres que los llame y les dé yo mismo la noticia?

¡No! ¡De ninguna manera! A aquella hora no estaría en casa más que su padre (y los gemelos y Bes, naturalmente). Prefería que la noticia la recibiesen al mismo tiempo el padre y la madre, y de su boca. Por lo menos su madre tendría una reacción. Mala, seguro. Marta podía imaginar cómo se enfadaría y le echaría en cara (cargada de razón) que les hubiese dicho mentiras (¿otra vez, Marta?) a propósito de la comida. Se imaginaba también que se entristecería, porque le parecería grave tener que internar a su hija mayor en el hospital. Y seguramente se revolvería contra sí misma, porque se consideraría responsable, en parte (ella era  Doña Perfecta), de lo que le había pasado a Marta. Sí, ya sabía que no la iba a aplaudir pero, así y  todo, la apoyaría.
En cambio su padre no sabría qué decir. Por su naturaleza porexpánica y porque no entendía nada de nada de lo que le estaba pasando a su hija mayor.
Marta recordó la cara de sorpresa que había puesto su padre la tarde que Juan les comunicó el diagnóstico de su enfermedad. En cambio la madre, no movió ni un músculo. Ella lo sospechaba de un tiempo a esta parte, por eso había buscado un sicólogo, por eso los había arrastrado a ella y a Pedro al ambulatorio. El padre no lo podía entender. ”¿Anoréxica?”, repetía una y otra vez como si le costase entender la palabra. Pero cuando Juan comenzó una explicación técnica para que se hiciese cargo de cuál era la enfermedad que tenía Marta, Pedro lo cortó. “Sé perfectamente en qué consiste la anorexia. Leo los periódicos y no se me escapa de qué va esta enfermedad”. Y añadió que lo que le había dejado pasmado era que la tuviese su hija. “Creía que esto sólo le pasaba a las modelos y a algunas deportistas de élite”. Aquella tarde Pedro miraba fijamente a Marta como si la viese por primera vez, como si fuese una desconocida para él o como si acabase de descubrir una faceta nueva tan imprevisible que la reducía a la condición de una extraña. Y Juan, con paciencia y tacto le había explicado que aquello era cada vez más frecuente y que muchísimas chicas -más que chicos- estaban atrapadas en aquel infierno, y que eran hijas de familias normales, con padres normales, hermanos normales, con maneras de ser normales y con expedientes académicos incluso brillantes. “Sí, sí”, decía el padre, a quien tanta normalidad le resultaba familiar, pero que continuaba sin saber cómo encajar la pieza del rompecabezas que le habían puesto en las manos: la anorexia de la hija.

Fragmento de la novela Billete de ida y vuelta.

Gemma Lienas

La globalización del ideal de belleza

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Durante el 2009, alrededor de un 7,5% de las personas atendidas en una unidad de trastornos de la conducta alimentaria catalana, no habían nacido en el estado español. Este porcentaje corresponde a los 292 casos que estas unidades especializadas han registrado de personas procedentes de una cultura no occidental. Estas cifras podrían indicar que el hecho de proceder de una cultura no occidental no necesariamente protege de padecer una enfermedad como la anorexia o la bulimia nerviosas.

Distintos estudios indican que el ideal de belleza femenino occidental, el cual se ha identificado como un factor de riesgo de sufrir un trastorno del comportamiento alimentario, se estaría globalizando. Esto significaría que en culturas donde tradicionalmente se valoraba como bello un cuerpo femenino con más formas y con características propias de la etnia a la cual representa, se estaría substituyendo por el ideal de belleza de mujer caucásica. Este ideal de belleza occidental se aleja mucho el ideal de países orientales y para parecerse a él, las mujeres tendrían que modificar mucho su cuerpo. Actualmente están aumentando las investigaciones en países no occidentales sobre la prevalencia de trastornos del comportamiento alimentario. No obstante, los estudios continúan siendo escasos aunque en países en vías de desarrollo se constata que se estarían aumentando estos trastornos.

Otras investigaciones se dirigen a estudiar el riesgo de las personas que han emigrado a países occidentales. Después de cierto tiempo de convivencia pueden asumir el ideal de belleza occidental como propio y personas que presentaban otros factores de riesgo descritos como predisponentes de sufrir anorexia o bulimia nerviosas, acabar desarrollando un trastorno de este tipo. A partir de la consulta a diferentes especialistas que tratan a personas que sufren un trastorno del comportamiento alimentario en España y los datos que aportan distintas investigaciones en este campo, parece ser que las chicas latinoamericanas son las que presentan mayor riesgo de sufrir una enfermedad de este tipo.

Por un lado, la globalización el ideal de belleza (ya no solamente en países occidentales se valora un cuerpo extremadamente delgado) y por el otro, el hecho de convivir en culturas donde se sobrevalora el hecho de estar delgado y se rechaza el sobrepeso, puede acabar equiparándose el riesgo a sufrir un trastorno del comportamiento alimentario entre personas que culturalmente parecían protegidas.

Ante estas cifras parece importante impulsar la investigación de la prevalencia de los trastornos del comportamiento alimentario en España entre población inmigrante con el fin de diseñar programas preventivos específicos dirigidos a este colectivo.

Cristina Carretero

sin denuncias y sin la implicación de todos, no hay cambios

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En España es frecuente la queja: nos quejamos del lío de las tallas, nos quejamos del uso indiscriminado de personas enfermas de anorexia o bulimia por parte de algunos medios de comunicación con objetivos morbosos, nos quejamos de los déficits de nuestra sanidad respecto las enfermedades mentales, nos quejamos del ideal de belleza delgado que nos somete a todos a una tortura de regimenes e insatisfacción constantes, nos quejamos….

La queja aporta la posibilidad del debate, de crear mayor opinión pública, pero al no ser estructurada no consigue muchas veces llegar a las instancias que pueden cambiarlo. Si no se tramitan denuncias cuando las tallas de los pantalones no corresponden las empresas desconocen el nivel de insatisfacción y de malestar que causa esto en todos nosotros. Igualmente en el caso de los medios de comunicación o las autoridades sanitarias.

La corresponsabilidad democrática cuenta con la participación estructurada de las personas para mejorar el estado del bienestar y crear una sociedad más justa: uno de los canales privilegiados para estructurar esta participación son las asociaciones. En el caso de las asociaciones de lucha contra la anorexia y la bulimia, se trata no sólo de organizaciones que atienden enfermos y familiares para mejorar su calidad de vida, sinó de verdaderos organismos de REPRESENTACIÓN Y DENUNCIA SOCIAL.

Algunos de los cambios más interesantes a nivel social y de justicia se están vehiculando a través de estas instituciones, como  las campañas de defensa de los derechos humanos de Aministia Internacional , las campañas de lucha contra la pobreza de Intermón-Oxfam , o la campaña para el cierre de páginas que promueven la anorexia y la bulimia promovida por ACAB e  impulsada por la Agencia de Calidad de Internet y Microsoft .

                                                   

 

Marta Voltas

Desesperanza y sentimientos de inutilidad en las familias con TCA

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“Ya no sé qué hacer con él/ella”, “Lo he intentado todo y no sirve de nada”. Estas son frases que escuchamos con frecuencia a muchas familias que cuidan y conviven con un familiar con un trastorno alimentario.

Hay que ser consciente de que la familia no es la que tiene el poder o no de solucionar el problema. Muchos padres, sobre todo al principio de la enfermedad ponen todas sus ganas, tiempo y recursos para ayudar a su familiar enfermo. Sus pensamientos son “seguro que nosotros podemos con esto”, “si yo le ayudo en todo lo que pueda seguro que saldrá de esta enfermedad”. Y cuando pasa un tiempo y ven lo duro que es el proceso, empiezan a desesperanzarse.

Hay que entender que en el tratamiento de los trastornos alimentarios hay muchos aspectos que abordar, unos dependen del paciente, otros son responsabilidad de los profesionales que se ocupan de él y otros dependen de una familia que apoye y colabore.familia

El que la familia sea positiva ayuda, y mucho, pero también el que sea realista a la hora de plantearse sus objetivos con respecto a la persona enferma. Intentamos transmitirles a las familias que esto es como un tren de largo recorrido y hay que intentar no quemarse  en las primeras etapas. Hay que dosificar los esfuerzos para no llegar a sentirse desesperanzados o inútiles con todo lo que intentamos.

A veces pensamos que hemos puesto en marcha todos nuestros recursos y todos los que nos han enseñado y que no nos han servido de nada. No nos damos cuenta de que la persona enferma no está siempre en la misma situación dentro de la enfermedad y que en cualquier momento su motivación frente al cambio nos permite poner en marcha recursos que no nos funcionaron quizás porque no fue el mejor momento, pero que puede ser que en el futuro  sí nos sean útiles.

En ocasiones no nos quedará otra que esperar a que algo cambie en nuestro familiar enfermo, lo que significa tener esperanza en que eso va a ocurrir.

Nadie nos ha enseñado a lo largo de nuestras vidas qué hacer cuando tenemos un familiar con un trastornos alimentario, por eso tenemos que ir aprendiendo a medida que se nos plantean nuevos retos y la mayoría de las veces será con la técnica de ensayo-error. Por eso, no debemos sentirnos inútiles, pues, si miramos atrás, gran parte de lo que hemos aprendido en nuestras vidas lo hemos aprendido así.

Manuel Antolín Gutiérrez

Cuando la obesidad te hace víctimas del rechazo social

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Al concluir la charla sobre trastornos del comportamiento alimentario una madre inquieta levantó la mano para participar, ella expresó su preocupación por los constantes comentarios negativos que sufre su hija de 9 años, Julia, quién con frecuencia era  víctima de calificativos hirientes referidos  a su obesidad  por parte de sus compañeros, quiénes incluso evitaban compartir juegos y actividades escolares  con ella. Julia manifestaba a su madre el deseo de no asistir a la escuela, de quedarse sola en casa. A pesar de los esfuerzos maternos por evitar consecuencias negativas de esta situación, la niña continuaba expresando tristeza y  dolor por la situación de que era víctima.  Con frecuencia Julia  comentaba “sí yo no fuera gorda mis compañeros si me querrían”.

No hay duda, investigaciones y un sin número de  experiencias lo confirman: Los niños y adolescentes obesos son víctimas de rechazo. Suelen sufrir  insultos, bromas, chistes, por parte de los padres, compañeros, profesores y medios de comunicación.obesidad

El motor del rechazo a la obesidad es el actual estereotipo de belleza: la delgadez como único modelo estético aceptable. Por lo tanto las personas obesas son objeto de estigma social.

A los 6 años los niños y niñas ya tienen interiorizado la idea de belleza, han aprendido de adultos y medios de comunicación que  estar delgado es un atributo positivo, mientras que estar gordos es negativo. Esto facilita que los niños desde pequeños manifiesten rechazo a la obesidad realizando comentarios ofensivos e hirientes a sus compañeros obesos, llegando incluso a marginarlos.  Esta situación puede causar serias  consecuencias psicológicas tales como: pobre concepto de si mismo,  déficits en habilidades sociales, aislamiento social,   preocupación e insatisfacción con la imagen corporal. Todos estos aspectos pueden desencadenar Trastorno de la Conducta Alimentaria.

Además durante la adolescencia la relación con el grupo de iguales es fundamental para conformar la propia identidad y  la autoestima.  En esta etapa ser objeto de comentarios negativos, no recibir apoyo social y sentirse excluido  afectará  al autoconcepto, generando a su vez malestar psicológico. Leer el resto de esta entrada »

Norma Orozco

Anorexia nerviosa a los 40

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Actualmente, un 6% de la población femenina joven y adolescente está sufriendo un trastorno del comportamiento alimentario (anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y otros trastornos del comportamiento alimentario). Un 11% están presentando alto riesgo de sufrir algún trastorno de este tipo, presentando muchas de ellas síntomas propios de estas enfermedades.

Los estudios epidemiológicos que existen hasta la actualidad se centran en investigar el número de chicas jóvenes afectadas por estas enfermedades, ya que éstas son el grupo de mayor riesgo de padecerlas.anorexia

Ya hace algún tiempo que las asociaciones de lucha contra la anorexia y la bulimia y los especialistas en este campo, advierten del aumento de consultas por parte de personas adultas. Muchas veces, estas personas que presentan un cuadro de anorexia o bulimia nerviosa u otro trastorno no especificado, peregrinan durante mucho tiempo antes de llamar a la puerta de un especialista en este tipo de trastornos ya que no responden al perfil de enfermos/as. Consecuentemente, el inicio del tratamiento puede demorarse.

En la literatura científica no existe ningún estudio riguroso sobre la prevalencia de estas enfermedades en esta franja de edad. Sí que existen indicadores indirectos como el aumento de operaciones de estética, el aumento de seguimiento de dietas restrictivas y el consumo de productos adelgazantes.  Pero no disponemos de cifras exactas sobre el porcentaje de población adulta enferma.

Estos datos podrían darnos más pistas de por qué una persona debuta en anorexia nerviosa a los 40 años o sí bien, ha cronificado su enfermedad durante todo este tiempo. Los resultados permitirían realizar programas de prevención y de tratamiento específicos para este colectivo para evitar la aparición de nuevos casos así como favorecer un pronóstico positivo en la evolución del trastorno.

Cristina Carretero

El problema de Marta

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Casete 5.Cara B. Sesión individual

Terapeuta : Juan M. Paciente : Marta P.

  • T- ¿Recuerdas cuál es el trato, Marta?
  • T- Marta, por favor, mírame…Ya sé que esta situación no te resulta nada agradable, pero para mí tampoco lo es. Contéstame. ¿Te acuerdas del trato?marta

P-Sí.

T-¿Me lo quieres repetir, por favor?

P-Pues que si llegaba a pesar menos de cuarenta kilos tendría que ingresar.

T-¿Y sabes cuánto pesas esta semana?

 
¿Cómo lo habría podido saber Marta? ¿Qué se creía Juan? ¿Que ella era el oráculo de Delfos? La Vilagut, la de literatura, les explicaba con frecuencia mitología clásica -”no se puede entender la literatura si no se sabe nada de mitología”, decía. Y les había contado que en Delfos, en la antigua Grecia, el dios Apolo había matado a la serpiente Pitón para apoderarse del santuario que guardaba la bestia. A partir de aquel momento, la pitia, una doncella, era la encargada de hacer las profecías en nombre del dios. La obligaban a ayunar durante tres días (esto para Marta no habría sido ningún inconveniente; le era fácil), la bañaban en las aguas inspiradoras de la fuente Castalia (Marta no sabía si el agua de su casa era muy inspiradora pero, en cualquier caso, por falta de agua no iba a ser porque, con la manía de los microbios a punto de atacarla por cualquier flanco, se pasaba horas bajo la ducha). Después la sentaban encima de un trípode sagrado, delante de una grieta de la roca por donde salían emanaciones gaseosas y la pitia soltaba palabras mal articuladas que eran interpretadas por los sacerdotes…y ya tenían la respuesta que necesitaban. Marta se veía en la cocina de su casa en un taburete de tres patas,  delante de los vapores de la olla exprés… Leer el resto de esta entrada »

Gemma Lienas

Obesidad: ¿riesgo de sufrir Trastornos de Conducta alimentaria?

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La obesidad es un problema creciente en México. Las estadísticas revelan esta alarmante situación: México es el segundo país a nivel mundial con personas obesas, únicamente superado por Estados Unidos de Norteamérica. 

De acuerdo a los informes de las autoridades sanitarias la enfermedad más frecuente entre la población infantil mexicana es la obesidad.  Respecto a la población adolescente en 2006  la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUD 2006) señaló que 31% de los hombres entre 12 y 19 años y el 32% de las mujeres presentan obesidad o sobrepeso.obesidad en México

Sufrir sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de presentar  trastornos de conductas alimentarias como bulimia nerviosa o trastornos de conducta alimentaria no especificada.

Esta claro que la adolescencia es una etapa de riesgo para desencadenar trastornos alimentarios,  si a este factor se le agrega la presencia de sobrepeso hay un riesgo aún mayor de presentar dichos trastornos psicológicos. Dada esta situación la población mexicana y potencialmente los adolescentes con sobrepeso constituyen un verdadero caldo de cultivo para los trastornos de conducta alimentaria.

Cuando hablamos de población mexicana que sufre obesidad o sobrepeso, se calcula que más del 80% recurren a métodos que califican de “naturales” para bajar de peso, solo el 20% acude al médico para evaluar su situación. Por lo tanto podemos afirmar que, al no contar con una supervisión profesional, un alto porcentaje de personas pueden  someterse a dietas, consumir productos para bajar de peso, hacer ejercicio compulsivamente, etc, Con ello afectan seriamente el funcionamiento de su organismo, generando alteraciones tanto físicas como psicológicas.

Todo lo antes descrito pone de manifiesto la grave situación entre la población mexicana y está claro que el hecho de presentar sobrepeso u obesidad puede implicar riesgo de sufrir Trastornos de Conducta Alimentaria.

Norma Orozco