
La idea que cada uno tenemos de nosotros mismos define nuestro autoconcepto. Éste aspecto se va conformando a lo largo de nuestro desarrollo, en un primer momento por los comentarios que nos llegan de nuestros principales referentes adultos (familia y educadores) para posteriormente ganar también importancia las experiencias de éxito y fracaso que experimentamos.
La autoestima es la valoración que hacemos de este autoconcepto e incluye actitudes, sentimientos, etc.
Si nuestro autoconcepto nos gusta y somos capaces de valorar nuestros aspectos positivos, aceptando al mismo tiempo nuestras limitaciones, tendremos una buena autoestima, mientras que si nos valoramos muy negativamente, sintiéndonos a disgusto con nuestra opinión personal, la tendremos baja.
Tener buena autoestima contribuye a nuestra felicidad y el tenerla baja, no sólo no hace más infelices e inseguros sino que además es un factor de riesgo para padecer diferentes trastornos psicopatológicos como depresión o trastornos de la conducta alimentaria (TCA) entre otros. En el caso de los TCA por ejemplo, alrededor de un 75% de las personas que tienen un alto riesgo de sufrir este trastorno, tiene niveles muy bajos de autoestima.
Dentro de la Autoestima se pueden describir diversas áreas: familiar, social, académica, laboral, física, etc. Y aunque todas contribuyen a nuestra valoración personal, en algunos individuos hay aspectos que pesan más que otros a la hora de valorarse globalmente. Por ejemplo, en la adolescencia, la valoración física cobra más importancia que en ninguna otra época de la vida y se ha encontrado que las niñas que desearían tener en el futuro una figura corporal más delgada de la que tienen en la actualidad, presentan una menor autoestima corporal.

Uno de los grupos que presentan una menor autoestima física son las personas que padecen trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en las que la insatisfacción corporal se generaliza a insatisfacción personal. Por otro lado, algunas personas afectadas de un TCA, especialmente aquellas que padecen Anorexia Nerviosa, son muy perfeccionistas y este aspecto a su vez facilita tener aún más baja autoestima debido a las elevadas expectativas que se fijan y que resultan en un estado de insatisfacción constante. Y para complicarlo un poco más, las personas perfeccionistas y con baja autoestima tienen más tendencia a tener pensamientos automáticos negativos que bajan aún más su autovaloración y perpetúa el estado de insatisfacción continua.
Sin embargo, la autoestima no es un característica inmutable, al igual que se va desarrollando a lo largo del desarrollo de un individuo, también se puede mejorar con algunas de los hábitos siguientes:
- Tratarnos con estima y comunicarnos con respeto tanto con nosotros mismos como con los demás. Tener en cuenta tanto lo qué decimos como el cómo lo decimos y cuando tengamos que hacer una queja es mejor concretarla al máximo, evitando las generalizaciones.
- Todos los sentimientos son sanos, y no hay que sentirse aún peor por estar por ejemplo enfadados o celosos en algún momento. Hay que escuchar y reconocer los sentimientos, sin ridiculizar.
- Recordar los aspectos positivos y experiencias anteriores de éxito personal, resaltando especialmente aquellas características que tienen que ver con nuestro carácter y habilidades, en lugar de centrarnos en aspectos de nuestro físico que poco dependen de uno mismo.
- Valorar la intención, el esfuerzo y no sólo el resultado.
- Aceptar las limitaciones sin negarlas. Es importante hacer evaluaciones realistas de nosotros mismos y entender que todas las personas tenemos fallos y comentemos errores.
- Relacionado con el punto anterior, es importante entender que por suerte todos somos diferentes, este es un aspecto que nos enriquece y que por definición debe hacernos huir de las comparaciones.
- Para favorecernos oportunidades de éxito es importante creer en nosotros y asumir responsabilidades, intentando plantearnos metas realistas adecuadas al momento y circunstancias actuales.
- Los problemas y pequeños contratiempos forman parte del día a día. Hay que intentar tener autonomía para resolverlos cuando se presenten, aspecto que implica también saber pedir ayuda cuando sea necesario.
- Tener y cuidar nuestro círculo social, que nos proveerá de relaciones satisfactorias y de apoyo socioemocional.
- Ayudar a los demás y tener comportamientos prosociales en general, contribuye a mejorar la opinión que tenemos de nosotros mismos.
- Y por último, aunque tendrían cabida otras estrategias, finalizar con no olvidar dedicar algún tiempo para hacer actividades y aficiones con las que disfrutemos y que nos hagan sentir bien.
READ MORE