Diario de una bulímica
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Miro a la Boticelli que se ha dormido, tan Boticelli como siempre. Me cuesta creer que sea la autora de este terrible diario. Continúo pasando páginas. Leo tres más al azar.
8 de octubre
Los vómitos ya no son tan efectivos como al principio. Si quiero que funcionen, tengo que hacerlo tres veces al día. Es repugnante. Los laxantes son también menos efectivos. A veces sólo consigo que me salga sangre. Hace unas cuantas noches que tengo la misma pesadilla: empiezo a vomitar y acabo echando las tripas por la boca, y no puedo parar hasta que me he vaciado toda.
16 de noviembre
Ojalá que los seres humanos no tuviéramos que comer, sólo tomar pastillas.
20 de diciembre
Estoy sola, asustada, aislada. No puedo hablar de esto con nadie.
28 de diciembre
¡No quiero pasar la vida en el váter! Quiero hacer otras cosas. ¿Por qué no puedo comer normalmente como los demás?
14 de enero
Me odio, me odio, me odio. Preferiría morir a ser tan desgraciada.
Estoy impresionada. Me doy cuenta de que la bulimia es tan grave como la anorexia. Miro a la Boticelli dormida, tan seráfica ella, pero con un demonio en el cuerpo. Continúo ojeando el diario.
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Gemma Lienas
David Nuñez
La típica siesta española es una de las costumbres más arraigadas que tenemos y, por la que todo el mundo vela, destacando sus múltiples virtudes. Lo malo es que el ritmo frenético de la sociedad moderna impide disfrutar del placer de una buena siesta tras la comida y es un lujo del que muy pocos pueden disfrutar.
Javier García
Todo el mundo intenta realizar algo grande, sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas, dijo Frank Clark. Y qué razón llevaba, al final esa frase se ha acortado y nos quedamos con que lo verdaderamente importante para ser feliz son las cosas poco significativas, pero son esas que están ahí, esos placeres que nos hacen sentir mucho mejor y que cuesta poco conseguirlos.
