Cuando el enemigo vive en casa
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“Te odio”, “eres malísima conmigo”, “no te soporto más”, “eres una auténtica…”
Si eres familiar de una persona que está sufriendo anorexia y bulimia te habrás sentido identificado enseguida con estos comentarios ofensivos. Seguramente también las personas afectadas con estos trastornos escuchan alguna de estas lindezas por parte de sus familiares.
El motivo por el cual fluyen estos improperios de manera habitual es el estrés que genera el trastorno, la duración del mismo parece eternizarse, y los momentos de las comidas llegan a convertirse en una lucha sin cuartel. La presión de la familia para que cambie, para que coma, y con el fin de que cumpla sus tareas de terapia, es tan grande, que la afectada/o se revela y reacciona de forma agresiva.
En especial, el ataque es contra la madre, que suele ser el miembro de la familia que está más pendiente de la persona afectada, de sus comidas, y a la que su instinto maternal le impide aceptar que su hija esté desprotegida, triste, sin alimentarse. La madre al final, suele ser la que hace el trabajo sucio. Por eso recibirá todos los ataques.
¿Cómo manejar esta situación, de presiones, ofensas y angustia?
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Manuel Antolín Gutiérrez 
Luis Beato
Observar sufrimiento en nuestros semejantes suele provocar sentimientos de compasión y puede ser un estímulo para ofrecer apoyo o consuelo. Cuando, además, quien sufre tiene alguna relación de dependencia con quien le observa, genera en este una sensación de culpa y responsabilidad por no haber sido diligente en el cuidado o por no haberle dado las oportunas advertencias que evitara el estado actual. Por lo tanto, inherentemente al sufrimiento que genera la enfermedad, está la respuesta del entorno, tanto de ayuda o consuelo, como de culpabilidad.