Las familias de personas con trastornos alimentarios suelen experimentar un sinfín de miedos asociados a su familiar enfermo.
Pensamientos como que va a fallecer a causa de la enfermedad, miedo a un inminente ingreso, a que no se cure, a romper el matrimonio de los padres, a que termine su relación de pareja, a que recaiga, a que deteriore la unidad familiar; todos ellos son temores frecuentes en el transcurso de la anorexia y la bulimia.
Estos temores pueden aparecer en ciertos momentos de la enfermedad, especialmente en los periodos en los que la misma evoluciona peor. En ocasiones, con el tiempo y el conocimiento de la enfermedad, esos miedos consiguen manejarse mejor. En el peor de los casos, los miedos paralizan, bloquean, impiden tomar decisiones y acaban haciendo enfermar a los cuidadores.
Por eso, cuando estos miedos torturan a la familia, igual que a los afectados, llega el momento de ser valientes y enfrentarse a esos temores con todas las armas disponibles, mirarles de frente, conocer su tamaño real, y empezar la tarea de domarlos.
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Manuel Antolín Gutiérrez 

