En una sociedad en la que damos una gran importancia a la imagen y en la que el culto al cuerpo está a la orden del día, es obvio que las operaciones de estética y los tratamientos de belleza en general deben aumentar. Las típicas clínicas de adelgazamiento y de estética en general, así como los salones de belleza, han ido cobrando importancia, contando con el único hándicap del coste que supone para el cliente, ya que al fin y al cabo en la mayoría de los casos es un simple capricho prescindible, en especial en épocas como la que vivimos, en las que nuestros bolsillos no están precisamente llenos de dinero, si acaso de sueños e ilusiones.
El crecimiento de este tipo de operaciones y tratamientos no es debido a que cada vez más mujeres hayan decidido retocarse, si no que somos los hombres los que nos preocupamos más por nuestro cuerpo. Empezamos por el pelo, una de las partes del cuerpo que sin lugar a dudas más nos preocupa –como nos habló Gonzalo el pasado viernes- y seguimos quitándonos arrugas, la grasa que nos sobra –como la típica y molesta papada- o el vello que nos sobra –porque la depilación tampoco es cosa de mujeres exclusivamente como sí lo era antes- Pero, ¿qué es lo que más demandamos?
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Javier García
Gemma Lienas
Después de desayunar, entro en la sala de sesiones todavía con el mal gusto de boca del sobre de farmacia que Juan me hace tomar. Olga se ha asegurado de que no deje ni una gota. Están dispuestos a engordarme tanto si quiero como si no. ¡Ags! ¡Qué asco! Son mucho mejores los cruasanes…
Luis Beato
Esta afirmación es relativamente frecuente en pacientes que están en tratamiento por un trastorno de la conducta alimentaria. Sin embargo, por mucho peso que pierdan, rara vez llegan a sentirse a gusto con su figura. Ocasionalmente les comento que, igual que no reconocen su voz cuando previamente la han grabado y luego la escuchan, tampoco pueden ver su figura como los demás la perciben. La percepción y valoración de nuestra imagen corporal está influida por la percepción general que tenemos de nosotros mismos, por nuestra autoestima, por experiencias previas, nuestro estado de ánimo o las creencias más o menos conscientes de nuestras cualidades y características. Perder peso y mantener una figura delgada con frecuencia es valorado por el paciente como la demostración más clara de que pueden controlar su vida y supone un claro aliciente en su sentimiento de valía personal. La distorsión y la sobrevaloración de la importancia de su aspecto físico es un síntoma grave y limitante, tanto para su bienestar y autoestima, como para la necesaria seguridad en las relaciones interpersonales. Desgraciadamente, además suele ser persistente, aún cuando los síntomas propios del trastorno alimentario ya hayan remitido y se mantenga un peso saludable con un patrón alimentario adecuado.
Norma Orozco 
Marta Voltas 
Vicente Turón 