Hoy me ha venido a ver Marta, la conocí hace más de veinte años. Yo trabajaba en un hospital donde atendíamos a pacientes con anorexia nerviosa, nos la envió un colega digestólogo con un sospechoso adelgazamiento en una joven aparentemente normal, la familia estaba extrañada de que la hubieran derivado a un psiquiatra ya que estaba convencida de que su problema era digestivo y la muchacha insistía en que si no comía más era a causa de una falta de apetito y molestias digestivas.
Era una chica lista, universitaria, de carácter fuerte, hija única y el orgullo de sus padres, la estudiamos y llegamos a la conclusión de que sus molestias físicas no eran debidas a una alteración física en todo caso debían ser funcionales o psicológicos. Le explicamos el cuadro y ella negó en todo momento deseos de perder peso o ser delgada, insistía en que quería recuperarse y que se veía delgada.
En esta situación la familia opto por creer a su hija y abandonaron el hospital, volví a ver a Marta al cabo de dos años, ingresó en urgencias con una extrema delgadez y a causa de un desmayo en la calle, volví a entrevistarme con ella y en esta ocasión y ante su delgadez palpable su argumento era como es de suponer que ella se veía bien y que en ningún caso estaba dispuesta a “engordar”, su gran coartada era que tenía derecho a decidir sobre su cuerpo y que para ella la belleza física era lo más importante. El estado físico permitía un ingreso pero cuando recuperó una parte mínima de ese cuerpo la paciente marchó y abandonó el tratamiento que ella consideraba inútil.
Durante los diez años siguientes la ví en varias ocasiones y siempre por complicaciones físicas de su delgadez y siempre rechazó el tratamiento.
Ahora ya no estoy en el hospital pero un día, hace poco, me llamó a mi despacho, no tardé en recordarla y concertamos una cita, vino y la ví, seguía siendo una mujer muy delgada, malnutrida, había perdido la belleza de su juventud y se la veía cansada, ajada y envejecida. Me contó su vida solitaria, aislada, triste y aburrida, que ya os contaré otro día, lo que no me sorprendió es el resumen que hizo: TODO ESTO NO HA VALIDO LA PENA.
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