
Ví@: e-faro
Cada año observamos como la llegada del verano va unida a un bombardeo por llevar a cabo lo que parece una puesta a punto del cuerpo conocido como “la operación bikini”, clásicamente enfocada hacia las mujeres, pero que seduce cada vez más a un número considerable de varones, que encuentran en la industria cosmética infinidad de productos diseñados ya exclusivamente para ellos.
Creo que la pena ser críticos respecto a los mensajes que claramente atentan contra nuestra salud física, y lo que no es menos banal, nuestra salud mental.
El visionar modelos de belleza alejados de la constitución real humana, es un factor que facilita la insatisfacción y la distorsión corporal, y estos a su vez, son unos poderosos incentivos para el consumo de productos adelgazantes y para la realización una dieta hipocalórica de manera autoimpuesta.
Además, tal y cómo se ha comentado en este foro en otras ocasiones, sabemos que restringir la alimentación sin control médico, además de poder comportar riesgos para la salud, es el principal factor precipitante para padecer un Trastorno del Comportamiento Alimentario.
Dicho esto, hay que pararse a reflexionar y fomentar nuestro sentido crítico. Salvando las distancias, a veces el asunto de las dietas milagro y productos adelgazantes me recuerda a lo que sucede, si bien cada vez menos, con la publicidad relacionada con el consumo de alcohol o tabaco. Los productos están en el mercado y depende en gran medida del juicio que haga cada persona para consumirlo más o menos, o nada.
Al intentar fomentar el sentido crítico para la prevención de diferentes conductas de riesgo, ayuda el tomar distancia temporal y/o cultural. En el caso que nos ocupa, la modificación voluntaria del cuerpo de forma poco saludable, resulta sencillo criticar lo que se hacía en otros momentos históricos, por ejemplo en el siglo XIX las mujeres se realizaban sangrías para así tener una tez más pálida.
Actualmente en otras culturas también encontramos numerosos ejemplos, como el caso de las mujeres jirafa de la etnia kayan en Tailandia, que colocan voluntariamente anillos alrededor de su cuello para bajar la clavícula produciéndose dolor por la estética y la costumbre.
Todos vivimos inmersos en una cultura, participamos de ella y seguimos las modas, sin embargo hay que detenerse cuando está en juego nuestra salud en el amplio sentido de la palabra.
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