Yo nací a finales de los 70, en una sociedad en la que aún eran frecuentes y visibles comportamientos machistas. Aún así, yo no fui muy consciente de ello, o mejor dicho, no los vivía en primera persona. Los cambios que se han producido en las últimas décadas en cuanto a libertades personales y especialmente, libertades femeninas han sido muy importantes.
Pero, ¿por qué en una sociedad en la que la mujer ha salido a la calle para reclamar sus derechos, denunciar su invisibilidad, seguimos encorsetadas en un cuerpo imposible?. Hoy sí soy consciente de la presión que sufrimos las mujeres para conseguir aquel ideal irreal que nos marcan, que nos marcamos. Para ser feliz tienes que tener un cuerpo delgado, muy delgado y con unas formas imposibles a cualquier edad.
Nos lo recuerdan en la publicidad, las series de moda, el cine… Ser delgada es sinónimo de mujer independiente, triunfadora, con éxito profesional y personal: sinónimo de “super woman”. Y con el tiempo una se da cuenta que el cuerpo puede ser el camino a la infelicidad, a la dependencia que ahoga. ¡Cuántos casos de trastornos del comportamiento alimentario debutan en chicas de ya cumplidos los 30 pensando que ellas ya no eran vulnerables a estas enfermedades!.
La presión por ser la Mujer Ideal puede arrastrarte a sucumbir a los designios de una sociedad que prima la estética y la belleza frente a otros parámetros válidos a través de los cuales una puede valorarse y triunfar. Hoy sí vivo en primera persona la falta de libertades de la mujer encorsetada y la necesidad de decir NO: yo soy mucho más que mi cuerpo.
