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Transtorno alimenticio
Aunque era Marta la que conocía el terreno, era Ricky el que iba delante y la arrastraba.
- ¿Ésta? – dijo señalando la puerta de la habitación de sus padres.
Marta dijo «no» espantada.
- ¿Ésta?
Marta dijo «sí» con resignación. Porque lo tenía claro: entrarían en su habitación, de acuerdo, si eso era lo que él quería, pero DE NINGUNA MANERA Ricky la vería desnuda. Había adelgazado ya unos cuantos kilos, pero aún no tantos como habría querido. Todavía no parecía Winona Ryder, puede que el vestido negro le quedara todavía demasiado ajustado (de hecho, si hubiese existido le hubiera quedado grande).
Entraron en la habitación. Ricky cerró la puerta. Ella se quedó de pie, temblando y sudando, de vergüenza, de angustia, de miedo.
Ricky se sentó en la cama y la llamó.
Ella se acercó muy len-ta-men-te. Al fin, llegó y se arrellanó a su lado. No decía nada.
La Mano (!) empezó a enrollar la camiseta de Marta hacia arriba.
- ¡No! -gritó ella. De un golpe obligó a la mano a retroceder.
Ricky abrió unos ojos como platos.
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Transtorno alimenticio
T- ¿Te has decidido a decirle algo a Claudia?
P- Le he escrito una carta.
T- ¿Y?
P- De momento nada. Se la di ayer a los gemelos para que se la hiciesen llegar.
T- ¿Tienes ganas de hablar con ella?
Marta recordó su última conversación con Claudia, aunque decir de aquello que fue una conversación era sarcástico porque se habían peleado como el perro y el gato.
Todo había empezado con una de aquellas barritas milagrosas que te permitían pasar el día “bien alimentada y sin engordarte”, según anunciaban las revistas de cotilleos que parecían ser la única lectura de Bes. Abrías cualquier revista de aquellas y te tropezabas con un anuncio de barritas. Prácticas y, encima, ¡sabían bien, las puñeteras!
Ella se había servido de aquellas galletas para desesperación de Claudia que para entonces estaba sobre aviso de sus problemas con la comida.
Fue precisamente un mediodía, después de que algunas compañeras se hubiesen ido a comer, cuando estalló entre ellas una bronca ácida, durante la cual por primera vez se pronunció la palabra tabú: a-no-re-xia.
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Transtorno alimenticio
Las familias de personas con trastornos alimentarios suelen experimentar un sinfín de miedos asociados a su familiar enfermo.
Pensamientos como que va a fallecer a causa de la enfermedad, miedo a un inminente ingreso, a que no se cure, a romper el matrimonio de los padres, a que termine su relación de pareja, a que recaiga, a que deteriore la unidad familiar; todos ellos son temores frecuentes en el transcurso de la anorexia y la bulimia.
Estos temores pueden aparecer en ciertos momentos de la enfermedad, especialmente en los periodos en los que la misma evoluciona peor. En ocasiones, con el tiempo y el conocimiento de la enfermedad, esos miedos consiguen manejarse mejor. En el peor de los casos, los miedos paralizan, bloquean, impiden tomar decisiones y acaban haciendo enfermar a los cuidadores.
Por eso, cuando estos miedos torturan a la familia, igual que a los afectados, llega el momento de ser valientes y enfrentarse a esos temores con todas las armas disponibles, mirarles de frente, conocer su tamaño real, y empezar la tarea de domarlos.
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Enfermedad

Fuente: Arte y Fotografía
De la anorexia y la bulimia se ha hablado mucho durante los últimos años pero se han ido construyendo mitos falsos que no ayudan a entender bien la enfermedad y repercuten negativamente a la hora de poderlos detectar de manera precoz y curar adecuadamente.
Expondré las falsas ideas y creencias más extendidas:
La anorexia, bulimia y otros trastornos de la conducta alimentaria (TCA) no son una dieta que ha ido demasiado lejos si no que son enfermedades mentales graves que requieren un tratamiento precoz y adecuado
Los TCA no afectan solo a chicas de familias con buena posición socioeconómica, si no que afectan a personas de cualquier edad, sexo y cultura
Los TCA no son un fenómeno moderno puesto que hay casos registrados des de hace más de 200 años pero la actual presión social y la cultura occidental favorecen su aumento.
Los TCA no son un estilo de vida. Las personas que padecen esta enfermedad no lo escogen ni tampoco están intentando llamar la atención, pero les resulta my difícil reconocer que están enfermos y este es uno de los mayores desafíos en el tratamiento de estas enfermedades.
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Transtorno alimenticio
Años atrás apenas se podía plantear la posibilidad de vivir 80 o 90 años, pero hoy en día es una realidad que la esperanza de vida ha aumentado considerablemente. Sin embargo, los problemas y enfermedades más extendidas en el mundo occidental tienen que ver con problemas mentales. Dentro de estas enfermedades, nos encontramos con la anorexia y la bulimia, trastornos psicológicos y alimentarios que se extienden en los jóvenes, y en los ya no tan jóvenes.
El motivo de su extensión es la preocupación por la imagen, el canon de belleza que se ha creado en la sociedad influye en muchas personas negativamente, de tal forma que ponen en peligro su salud por tener un cuerpo extremadamente delgado, aunque a esas personas enfermas les parezca estar gordas. Además, Internet no es para nada un aliado en la lucha contra la anorexia y la bulimia, ya que cada vez hay más páginas Pro Ana y Pro Mía, pero, ¿de qué tratan estas páginas para que influyan negativamente en la sociedad?
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Salud
Llega el verano y la nociva “operación biquini” de cada año. Cuanto más inexplicable y más increíble es la capacidad milagrosa de un producto o de una dieta, más seguidores tiene y más peligrosa es.
Ya pueden hartarse de advertirlo los especialistas sanitarios, las dietas milagro son una plaga. No obstante, nadie se responsabiliza y las consultas de trastornos alimentarios están llenas de ingenuas e ingenuos que empezaron una dieta rápida y sin esfuerzo, y les ha provocado un grave problema de salud.
Des de el año 2010 la publicidad de estos productos no puede emitirse en horario infantil, pero aún así están por todas partes.
Su omnipresencia y accesibilidad despistan a la población que tiende a pensar que si son tan conocidas y accesibles no pueden ser peligrosas.
Es imprescindible que el gobierno empieze a perseguir y sancionar, de acuerdo con la legislación actual, las malas praxis en los productos y su publicidad. Así mismo, es muy importante que todos nosotros tomemos conciencia que aunque estén muy extendidas, no tienen rigor y son altamente peligrosas para la salud.
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Transtorno alimenticio
Es bien sabido que con la llegada de la pubertad se inicia el riesgo de iniciar un trastorno del comportamiento alimentario (TCA). Los cambios hormonales determinan modificaciones corporales que, en última instancia, convertirán físicamente en adulto a quien hasta ese momento no era más que un niño o una niña. Ese riesgo es mayor para las adolescentes que para los chicos. Las chicas, al percibir cómo se modifica su cuerpo, cómo se redondea, cómo se establecen los depósitos de grasa (muslos, caderas…), cómo aumenta su peso, es fácil que experimenten cierta ansiedad, a veces mucha, por el temor de estar alejándose del modelo estético corporal vigente, es decir, de un cuerpo delgado. Cuanto más intensa sea esa insatisfacción corporal, tanto más probable será que incurran en alguna conducta destinada a perder peso y adelgazar y, por tanto, corran el riesgo de sobrepasar lo médicamente correcto e iniciar un TCA.
Pero este riesgo que sufren en mayor o menor medida la mayoría de muchachas adolescentes queda potenciado cuando se trata de chicas que iniciaron su pubertad claramente antes del promedio. Las adolescentes de pubertad precoz, comparadas con las de pubertad promedio, tienen el doble de probabilidades de desarrollar un TCA. Este notable incremento del riesgo nada tiene que ver con la biología, por lo menos directamente. Se trata de la consecuencia de una serie de circunstancias que tienden a empeorar su imagen corporal y alterar su estado de ánimo y su autoestima.
En efecto, al desarrollar su cuerpo y aumentar de peso cuando sus compañeras y coetáneas no lo han hecho facilita que se avergüencen más del cambio y tiendan a sentirse más “gordas” de lo que se sentirían si esos cambios fueran compartidos por el grupo. Por otro lado, al dar una imagen social de chica de mayor edad, suelen ser tratadas y exigidas como si realmente la tuvieran, creándoles desadaptaciones, confusiones y situaciones de estrés.
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Cajon de sastre
La anorexia, la bulimia y otros trastornos del comportamiento alimentario atípicos como los trastornos por atracones (aunque son menos conocidos son igualmente frecuentes y graves) son enfermedades causadas por factores genéticos, biológicos, psicológicos y socioculturales. Estos últimos se deben a que las modificaciones de la ingesta y el adelgazamiento se ven propiciados por un contexto social en que la delgadez es deseable.
En este contexto social conviven valores y estilos de vida que promueven la virtud y necesidad de la delgadez y, curiosamente determinados sectores industriales y la publicidad, tienen un importante peso en el mantenimiento de estos valores, puesto que se traducen en grandes beneficios comerciales. No obstante, cabe preguntarse si todo vale a cambio de vender mucho y si, incluso, unas mejores prácticas comerciales desde el punto de vista de la salud revertirían en más beneficios.
El compromiso de responsabilidad empresarial hacia mejores prácticas que se alejen de promover delgadez a toda costa e insatisfacción corporal por doquier quizá cambiaría la imagen demonizada de algunos sectores acusados de provocar estas enfermedades.
Está claro que el problema de las tallas, de las pasarelas, de determinados productos alimentarios por sí solos no pueden generar anorexia y bulimia -si así fuera todos estaríamos afectados-, pero también está muy claro que su apuesta por un binomio salud/belleza ayudaría a cambiar cánones estéticos inadecuados y marcaría el rumbo de un consumo más saludable y positivo.
Mientras los sectores implicados se duermen en los laureles, la sociedad los cuestiona y empieza a cambiar hábitos de consumo, harta que la esclavizen detrás de una delgadez imposible.
¿Se darán cuenta los publicistas y empresas que el respeto hacia la diversidad pasa por respetar las diferencias corporales y promoverlas?
Fuente foto: stock.xchng
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Transtorno alimenticio
Esta afirmación es relativamente frecuente en pacientes que están en tratamiento por un trastorno de la conducta alimentaria. Sin embargo, por mucho peso que pierdan, rara vez llegan a sentirse a gusto con su figura. Ocasionalmente les comento que, igual que no reconocen su voz cuando previamente la han grabado y luego la escuchan, tampoco pueden ver su figura como los demás la perciben. La percepción y valoración de nuestra imagen corporal está influida por la percepción general que tenemos de nosotros mismos, por nuestra autoestima, por experiencias previas, nuestro estado de ánimo o las creencias más o menos conscientes de nuestras cualidades y características. Perder peso y mantener una figura delgada con frecuencia es valorado por el paciente como la demostración más clara de que pueden controlar su vida y supone un claro aliciente en su sentimiento de valía personal. La distorsión y la sobrevaloración de la importancia de su aspecto físico es un síntoma grave y limitante, tanto para su bienestar y autoestima, como para la necesaria seguridad en las relaciones interpersonales. Desgraciadamente, además suele ser persistente, aún cuando los síntomas propios del trastorno alimentario ya hayan remitido y se mantenga un peso saludable con un patrón alimentario adecuado.
Teniendo en cuenta lo anterior, ¿tendríamos que enseñar a los pacientes que han sufrido un trastorno de la conducta alimentaria a conformarse con una percepción alterada o sobrevalorada de forma negativa de su figura corporal? ¿Podríamos afirmar que este síntoma nunca desaparecerá, y que los pacientes se tendrán que acostumbrar a vivir con esa limitación?
La experiencia clínica sugiere que abordar directamente la distorsión de la imagen corporal de los pacientes con un trastorno alimentario suele ser una tarea ardua y con resultados parciales. Sin embargo, “dejar a un lado” los pensamientos en torno a la propia imagen e intentar actuar “como si no se tuviera esta distorsión” potenciando otras áreas de la vida del paciente genera un efecto beneficioso a largo plazo sobre la valoración de la propia imagen corporal. Evitar pensar de forma prioritaria en el aspecto físico y desarrollar otras cualidades no relacionadas con la figura permitirá una mejoría en la concepción global del paciente con clara repercusión posterior en la consideración de su propia imagen.
Fuente foto: stock.xchng
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Transtorno alimenticio
¡Ostras tú! ¡Qué manera de roncar, la tía! Parece mentira que una chica tan fina consiga producir unos ronquidos tan potentes como los de un descargador de muelle. Porque mira que fina y mona sí lo es. Como si hubiese salido de una pintura de Boticelli, con esos pelos largos, ensortijados y dorados, los ojos en forma de almendra y de color miel, una piel suave, de terciopelo. No como la mía que de tan reseca parece de cocodrilo. Pero los ronquidos…. ¡Uf, que ronquidos! Hacen tanto ruido que es como si al lado de mi cama hubiese una máquina perforadora de hacer obras en la calle. Las paredes tiemblan…
Se llama Susana, tiene veintiún años y es bulímica. Esta es la máxima información que he podido sacarle. Dice que no tiene ganas de hablar (la entiendo porque a mí me ha pasado lo mismo), que cuando esté de humor ya me explicará más cosas.
Cuesta creer que sea bulímica porque es lo que los chicos llamarían una tía buena: no le sobra ni falta nada. No es un esqueleto, como las anoréxicas, como Inés o Antonia. Tampoco una bola de grasa como las bulímicas, como Mónica, por ejemplo. Entonces, si eres bulímica pero no se nota que lo eres, ¿hay algún problema? Pues parece que sí porque está muy agobiada. Además, si no estuviera muy mal no estaría en el hospital. Nadie la obligó a ingresar: fue ella la que lo pidió porque dice que no podía más. Entonces, sí que debe ser un problema ser bulímica aunque estés buenísima y no se te note nada. Se lo tengo que preguntar…
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