Superar un trastorno del comportamiento alimentario

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Los trastornos del comportamiento alimentario se pueden curar. Este es el mensaje que transmite María Cuesta des de su libro “La meva anorèxia” (“Mi anorexia”). Maria añade su testimonio al de muchas otras adolescentes pero también al de muchas otras personas adultas que han podido plantar cara a una enfermedad como la anorexia o la bulimia nerviosas http://lamevaanorexia.cat/blog/.

Muchas veces hemos oído que los trastornos del comportamiento alimentario son enfermedades que acompañan a la persona a lo largo de toda su vida y no se llegan a superar nunca. Pero la experiencia de personas que han retomado su vida después de una enfermedad de este tipo, lo desmiente. Datos oficiales concluyen que más de un 70% de las personas que sufren anorexia o bulimia nerviosas se recuperan y mejoran significativamente.  Sí, después de sufrir anorexia nerviosa se puede salir adelante: retomar los estudios (en el caso de haber estado interrumpidos por la enfermedad), desarrollarse con éxito profesionalmente, formar una familia… en definitiva, continuar con todos aquellos proyectos que la persona se había planteado.
Sí, de acuerdo, los porcentajes sólo son porcentajes, pero en el caso que nos ocupa invitan al optimismo y a creer que la recuperación es posible.

Para superar los trastornos del comportamiento alimentario hace falta que la persona enferma pida ayuda y siga un tratamiento especializado. Estas condiciones harán posible el éxito y que muchas personas como María puedan afirmar que sufrieron un trastorno del comportamiento alimentario y ya lo han superado y seguramente fortalecidas para mirar el presente y el futuro de cara.

Para más información de centros y recursos especializados para familiares y enfermos podéis consultar la página oficial de FEACAB (Federación Española de Asociaciones de Lucha y Ayuda contra la Anorexia y la Bulimia nerviosas) www.feacab.org o bien, www.acab.org .

Cristina Carretero

La globalización del ideal de belleza

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Durante el 2009, alrededor de un 7,5% de las personas atendidas en una unidad de trastornos de la conducta alimentaria catalana, no habían nacido en el estado español. Este porcentaje corresponde a los 292 casos que estas unidades especializadas han registrado de personas procedentes de una cultura no occidental. Estas cifras podrían indicar que el hecho de proceder de una cultura no occidental no necesariamente protege de padecer una enfermedad como la anorexia o la bulimia nerviosas.

Distintos estudios indican que el ideal de belleza femenino occidental, el cual se ha identificado como un factor de riesgo de sufrir un trastorno del comportamiento alimentario, se estaría globalizando. Esto significaría que en culturas donde tradicionalmente se valoraba como bello un cuerpo femenino con más formas y con características propias de la etnia a la cual representa, se estaría substituyendo por el ideal de belleza de mujer caucásica. Este ideal de belleza occidental se aleja mucho el ideal de países orientales y para parecerse a él, las mujeres tendrían que modificar mucho su cuerpo. Actualmente están aumentando las investigaciones en países no occidentales sobre la prevalencia de trastornos del comportamiento alimentario. No obstante, los estudios continúan siendo escasos aunque en países en vías de desarrollo se constata que se estarían aumentando estos trastornos.

Otras investigaciones se dirigen a estudiar el riesgo de las personas que han emigrado a países occidentales. Después de cierto tiempo de convivencia pueden asumir el ideal de belleza occidental como propio y personas que presentaban otros factores de riesgo descritos como predisponentes de sufrir anorexia o bulimia nerviosas, acabar desarrollando un trastorno de este tipo. A partir de la consulta a diferentes especialistas que tratan a personas que sufren un trastorno del comportamiento alimentario en España y los datos que aportan distintas investigaciones en este campo, parece ser que las chicas latinoamericanas son las que presentan mayor riesgo de sufrir una enfermedad de este tipo.

Por un lado, la globalización el ideal de belleza (ya no solamente en países occidentales se valora un cuerpo extremadamente delgado) y por el otro, el hecho de convivir en culturas donde se sobrevalora el hecho de estar delgado y se rechaza el sobrepeso, puede acabar equiparándose el riesgo a sufrir un trastorno del comportamiento alimentario entre personas que culturalmente parecían protegidas.

Ante estas cifras parece importante impulsar la investigación de la prevalencia de los trastornos del comportamiento alimentario en España entre población inmigrante con el fin de diseñar programas preventivos específicos dirigidos a este colectivo.

Cristina Carretero

La joven nadadora se retira de las competiciones

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Desde que Luisa tenía 10 años mostró ser una nadadora muy veloz. Los padres orgullosos fomentaron su práctica deportiva inscribiéndola en la más prestigiosa  escuela de natación de su ciudad. A los 11 años Luisa asistía cinco días a la semana a sesiones de natación en las que la preparaban para desarrollar fuerza y resistencia. A los 13 años ya era miembro de un importante grupo de nadadoras donde existía un altísimo nivel de exigencia.

El entrenamiento era  muy, muy intenso, el esfuerzo  constante era prioritario. Cada día después de salir de la escuela Luisa caminaba rumbo a la piscina donde pasaba la tarde. Fuera del ámbito de la natación, las actividades sociales y recreativas eran prácticamente nulas.  No había tiempo para salir con los amigos,  solo había tiempo para entrenar.

Para mantener y aumentar el rendimiento deportivo debía seguir una rigurosa dieta. La hora de la  comida era especialmente difícil para Luisa, no se podía quitar de la cabeza la idea de que “debía vigilar lo que comía para  lograr los resultados esperados”.

Luisa participaba periódicamente en competiciones. Sus padres la acompañaban siempre recordándole que podía llegar a donde ella quisiera, siempre y cuando se esforzara y siguiera al pie de la letra las recomendaciones de su equipo. Al concluir cada competición el padre le insistía en que  podía dar más, que lo podía hacer mejor.

Durante los periodos de preparación de la competición se incrementaban las horas de entreno. La ansiedad que persistía prácticamente durante todo el día, aumentaba exponencialmente cuando pensaba en la competición y la posibilidad de no lograr el esperado triunfo. Luisa intentaba acallar la ansiedad comiendo,  comiendo todo tipo de alimentos, comiendo rápido, muy rápido, tan rápido y a escondidas,  no deseaba que nadie se diera cuenta. Cuidaba de no dejar rastro de todo lo que había ingerido.  Al momentáneo alivio de la ansiedad le seguía la culpa, la culpa que parecía imposible de aplacar. La ansiedad y los atracones se fueron haciendo cada vez mas frecuentes, la culpa se transformó en una gran montaña. Luisa sufría, sufría y padecía un Trastorno del Comportamiento Alimentario.

Los especialistas afirman que los deportes de alta competición multiplican por  cinco  el riesgo de sufrir un Trastorno del Comportamiento Alimentario. Este ha sido el caso de Luisa, la joven nadadora se retira de las competiciones después de ser diagnosticada de Trastorno del Comportamiento Alimentario.

Norma Orozco

¿Tienes una amiga o un amigo que podría estar sufriendo anorexia nerviosa?: Algunos indicadores que nos pueden hacer sospechar que a nuestro lado hay una persona sufriendo por no gustarse a sí misma

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Cuando una persona sufre un trastorno del comportamiento alimentario altera notablemente su comportamiento en relación a la alimentación, con la percepción de su propio cuerpo, en relación a su peso y también con su comportamiento en general. A continuación presentamos algunos de estos signos, la presencia de los cuales, podrían estar indicando que detrás se esconde un trastorno del comportamiento alimentario como lo son la anorexia o la bulimia nerviosas.peso

En relación a la alimentación:

  • Utilización injustificada de dietas restrictivas
  • Estado de preocupación constante por todo aquello que refiere a la alimentación
  • Interés exagerado por recetas de cocina, contar calorías…
  • Preferencia por no comer en compañía
  • Comportamiento alimentario extraño ( comer de pie, cortar la comida en trozos muy pequeños, ritmo excesivamente lento o rápido cuando se come, esconder comida, evitar los postres…) 

En relación al peso:

  • Pérdida de peso injustificada o pérdida del aumento que debería producirse en el período de crecimiento
  • Miedo y evitación exagerados al sobrepeso u obesidad.
  • Práctica del vómito autoinducido, abuso de laxantes o diuréticos o realización excesiva de ejercicio físico con el propósito de perder peso. 

En relación al ciclo menstrual:

  •  Retraso en la aparición de la primera regla(menarquia).
  •  Falta de la menstruación en aquellas chicas que ya la tenían (amenorrea) 

En relación a la imagen corporal:

  •  Percepción errónea de estar con sobrepeso aun estando por debajo de lo que se considera normopeso
  •  Intentos de esconder el cuerpo con ropa ancha, oscura. 

En relación al comportamiento:

  • Estado de ánimo depresivo e irritable con cambios de humor frecuentes
  • Disminución de las relaciones sociales con tendencia al aislamiento
  • Al inicio del trastorno puede darse un aumento aparente de las horas de estudio pero a medida que avanza la enfermedad se ve afectada la concentración y el rendimiento académico
  • Aparecen las mentiras y manipulaciones

No por presentar alguno de estos comportamientos, una persona sufre inevitablemente un trastorno como la anorexia o la bulimia nerviosa. Pero si son muchas las señales de alarma descritas  que presenta un amigo tuyo o un familiar y le has visto reflejado en lo que acabas de leer, sería conveniente que un especialista en trastornos del comportamiento alimentario pudiera hacer un diagnóstico para confirmar o descartar la presencia de un trastorno de este tipo. Las asociaciones de familiares y enfermos de lucha contra los trastornos alimentarios pueden acompañar e informar de los principales especialistas que os pueden ayudar.

Cristina Carretero

“Operación bikini”

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Se aproxima el verano, y nos inundan de publicidad relativa a  productos para adelgazar, reducir, alisar, eliminar, disimular…aquellas partes del cuerpo que tanto se empeñan en que disgustan especialmente a las mujeres. La idea de que el cuerpo es infinitamente moldeable sirve de telón de fondo para la publicidad de todos estos productos. Si una, generalmente, o uno no se parece al modelo que anuncia el anticelulítico es porque no quiere.

Y es en este punto cuando muchas personas se llegan a convencer que la carrera para conseguir un cuerpo 10 para el verano ya ha comenzado. Si sumamos a la adquisición de alguno de estos “productos milagro” el inicio y el mantenimiento de dietas restrictivas sin control médico, se está aumentando seriamente el riesgo de padecer un trastorno del comportamiento alimentario (anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y otros). ¿Es la publicidad, especialmente antes de verano, de productos adelgazantes la causante de estas enfermedades? No exactamente, pero sí que puede desempeñar un papel importante entre aquellas personas que presentan vulnerabilidad genética por padecer un trastorno alimentario e inician dietas restrictivas.

Cuanta mayor satisfacción con uno mismo y mayor valoración a través de otros parámetros distintos al aspecto físico, menor influencia tendrá “la operación bikini” especialmente en estos meses que estamos.

Quizás ha llegado el momento, viendo la repercusión que puede acarrear esta presión por adelgazar, de rebelarse contra aquellos productos, y su publicidad, que no respeten la diversidad corporal de las personas y su autoestima. 

Y para la reflexión, desde el humor… 

                                                           

                                                       

Cristina Carretero

¿Se curan los trastornos alimentarios?

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Hace algunos años, en un congreso sobre trastornos alimentarios le preguntaron al conferenciante, el profesor Michael Robinson, cuando consideraba que alguien se había curado de un trastorno alimentario. Él respondió con un símil que en aquel momento me impresionó, pero que desde entonces he tenido presente en el trabajo con mis pacientes. Contestó que él se imaginaba en su labor cómo los obreros de los ríos madereros del norte de Europa. En aquellos bosques cortan los troncos y tras quitarle las ramas los echan al río donde la corriente los arrastra hasta el aserradero; pero es necesaria la intervención de unos obreros que cuando algún tronco encuentra algún obstáculo que detiene su curso y obstruye la corriente, mueven con unas pértigas el tronco adecuado para que el río pueda seguir su curso. Nos contó que él en su trabajo se siente como uno de estos trabajadores.

El trastorno alimentario es una forma de manejar conflictos de relación, hacerle frente a carencias personales o volver a sentir que recuperan el control de su vida o circunstancias. Sin embargo, estas conductas se perpetúan aunque los objetivos iniciales por las que se iniciaron no se logren o incluso se empeoren. Estas alteraciones dejan de ser una mala solución para pasar a ser un grave problema.

Curarse del trastorno conlleva, no sólo modificar sus hábitos alimentarios y la forma de afrontamiento de sus conflictos, sino volver a enfrentarse al problema inicial que originó el trastorno alimentario. Los temores y amenazas - no sentirse aceptado, la sensación de soledad, el miedo al fracaso- se volverán ha hacer presentes.

Iniciar el cambio que llevaría a la resolución de su problema significa, en primer lugar, entender que es posible y necesaria una forma diferente de actuar. Su problema no es - o no es sólo - sus hábitos alimentarios, sino aquellas dificultades que intentaron resolver perdiendo peso. Reconocer su sufrimiento y frustración iniciales y buscar ayuda de profesionales para hacerle frente es el inicio del proceso de recuperación. Potenciar que el propio paciente acepte el empezar a ‘arreglar’ su vida y facilitarle que encuentre la forma de hacerlo o la ayuda conveniente. Curarse es empezar a preocuparse por su bienestar y sus posibilidades de desarrollo personal y relacional. Inicia a andar este camino es ya la curación.

Luis Beato