Salud

Dietas y milagro: términos opuestos

Marta VoltasMarta Voltas
mayo 23, 2011
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Barrita de cerealesLlega el verano y la nociva “operación biquini” de cada año.  Cuanto más inexplicable y más increíble es la capacidad milagrosa de un producto o de una dieta, más seguidores tiene y más peligrosa es.

Ya pueden hartarse de advertirlo los especialistas sanitarioslas dietas milagro son una plaga. No obstante, nadie se responsabiliza y las consultas de trastornos alimentarios están llenas de ingenuas e ingenuos que empezaron una dieta rápida y sin esfuerzo, y les ha provocado un grave problema de salud.

Des de el año 2010 la publicidad de estos productos no puede emitirse en horario infantil,  pero aún así están por todas partes.

Su omnipresencia y accesibilidad despistan a la población que tiende a pensar que si son tan conocidas y accesibles no pueden ser peligrosas.

Es imprescindible que el gobierno empieze a perseguir y sancionar, de acuerdo con la legislación actual, las malas praxis en los productos y su publicidad.  Así mismo, es muy importante que todos nosotros tomemos conciencia que aunque estén muy extendidas, no tienen rigor y son altamente peligrosas para la salud.

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Transtorno alimenticio

Pubertad precoz y trastornos del comportamiento alimentario

Josep ToroJosep Toro
mayo 5, 2011
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AdolescentesEs bien sabido que con la llegada de la pubertad se inicia el riesgo de iniciar un trastorno del comportamiento alimentario (TCA). Los cambios hormonales determinan modificaciones corporales que, en última instancia, convertirán físicamente en adulto a quien hasta ese momento no era más que un niño o una niña. Ese riesgo es mayor para las adolescentes que para los chicos. Las chicas, al percibir cómo se modifica su cuerpo, cómo se redondea, cómo se establecen los depósitos de grasa (muslos, caderas…), cómo aumenta su peso, es fácil que experimenten cierta ansiedad, a veces mucha, por el temor de estar alejándose del modelo estético corporal vigente, es decir, de un cuerpo delgado. Cuanto más intensa sea esa insatisfacción corporal, tanto más probable será que incurran en alguna conducta destinada a perder peso y adelgazar y, por tanto, corran el riesgo de sobrepasar lo médicamente correcto e iniciar un TCA.

Pero este riesgo que sufren en mayor o menor medida la mayoría de muchachas adolescentes queda potenciado cuando se trata de chicas que iniciaron su pubertad claramente antes del promedio. Las adolescentes de pubertad precoz, comparadas con las de pubertad promedio, tienen el doble de probabilidades de desarrollar un TCA. Este notable incremento del riesgo nada tiene que ver con la biología, por lo menos directamente. Se trata de la consecuencia de una serie de circunstancias que tienden a empeorar su imagen corporal y alterar su estado de ánimo y su autoestima.

En efecto, al desarrollar su cuerpo y aumentar de peso cuando sus compañeras y coetáneas no lo han hecho facilita que se avergüencen más del cambio y tiendan a sentirse más “gordas” de lo que se sentirían si esos cambios fueran compartidos por el grupo. Por otro lado, al dar una imagen social de chica de mayor edad, suelen ser tratadas y exigidas como si realmente la tuvieran, creándoles desadaptaciones, confusiones y situaciones de estrés.

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Cajon de sastre

Cambiar hábitos de consumo: la nueva lucha contra la anorexia y la bulimia

Marta VoltasMarta Voltas
abril 7, 2011
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EscaparateLa anorexia, la bulimia y  otros trastornos del comportamiento alimentario atípicos como los trastornos por atracones (aunque son menos conocidos son igualmente frecuentes y graves) son enfermedades causadas por factores genéticos, biológicos, psicológicos y socioculturales. Estos últimos se deben a que las modificaciones de la ingesta y el adelgazamiento se ven propiciados por un contexto social en que la delgadez es deseable.

En este contexto social conviven valores y estilos de vida que promueven la virtud y necesidad de la delgadez y, curiosamente determinados sectores industriales y la publicidad, tienen un importante peso en el mantenimiento de estos valores, puesto que se traducen en grandes beneficios comerciales.  No obstante,  cabe preguntarse si todo vale a cambio de vender mucho y si, incluso, unas mejores prácticas comerciales desde el punto de vista de la salud revertirían en más beneficios.

El compromiso de responsabilidad empresarial hacia mejores prácticas que se alejen de promover delgadez a toda costa e insatisfacción corporal por doquier quizá cambiaría la imagen demonizada de algunos sectores acusados de provocar estas enfermedades.

Está claro que el problema de las tallas, de las pasarelas, de determinados productos alimentarios por sí solos no pueden generar anorexia y bulimia -si así fuera todos estaríamos afectados-, pero también está muy claro que su apuesta por un binomio salud/belleza ayudaría a cambiar cánones estéticos inadecuados y marcaría el rumbo de un consumo más saludable y positivo.

Mientras los sectores implicados se duermen en los laureles, la sociedad los cuestiona y empieza a cambiar hábitos de consumo, harta que la esclavizen detrás de una delgadez imposible.

¿Se darán cuenta los publicistas y empresas que el respeto hacia la diversidad pasa por respetar las diferencias corporales y promoverlas?

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Fuente foto: stock.xchng

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Transtorno alimenticio

Dejaré de adelgazar cuando “me vea bien”

Luis BeatoLuis Beato
marzo 29, 2011
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EspejoEsta afirmación es relativamente frecuente en pacientes que están en tratamiento por un trastorno de la conducta alimentaria. Sin embargo, por mucho peso que pierdan, rara vez llegan a sentirse a gusto con su figura. Ocasionalmente les comento que, igual que no reconocen su voz cuando previamente la han grabado y luego la escuchan, tampoco pueden ver su figura como los demás la perciben. La percepción y valoración de nuestra imagen corporal está influida por la percepción general que tenemos de nosotros mismos, por nuestra autoestima, por experiencias previas, nuestro estado de ánimo o las creencias más o menos conscientes de nuestras cualidades y características. Perder peso y mantener una figura delgada con frecuencia es valorado por el paciente como la demostración más clara de que pueden controlar su vida y supone un claro aliciente en su sentimiento de valía personal. La distorsión y la sobrevaloración de la importancia de su aspecto físico es un síntoma grave y limitante, tanto para su bienestar y autoestima, como para la necesaria seguridad en las relaciones interpersonales. Desgraciadamente, además suele ser persistente, aún cuando los síntomas propios del trastorno alimentario ya hayan remitido y se mantenga un peso saludable con un patrón alimentario adecuado.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿tendríamos que enseñar a los pacientes que han sufrido un trastorno de la conducta alimentaria a conformarse con una percepción alterada o sobrevalorada de forma negativa de su figura corporal? ¿Podríamos afirmar que este síntoma nunca desaparecerá, y que los pacientes se tendrán que acostumbrar a vivir con esa limitación?

La experiencia clínica sugiere que abordar directamente la distorsión de la imagen corporal de los pacientes con un trastorno alimentario suele ser una tarea ardua y con resultados parciales. Sin embargo, “dejar a un lado” los pensamientos en torno a la propia imagen e intentar actuar “como si no se tuviera esta distorsión” potenciando otras áreas de la vida del paciente genera un efecto beneficioso a largo plazo sobre la valoración de la propia imagen corporal. Evitar pensar de forma prioritaria en el aspecto físico y desarrollar otras cualidades no relacionadas con la figura permitirá una mejoría en la concepción global del paciente con clara repercusión posterior en la consideración de su propia imagen.

Fuente foto: stock.xchng

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Anorexia | Bulimia | Transtorno alimenticio

Una vieja de veintiún años

Gemma LienasGemma Lienas
marzo 17, 2011
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Insomnio¡Ostras tú! ¡Qué manera de roncar, la tía! Parece mentira que una chica tan fina consiga producir unos ronquidos tan potentes como los de un descargador de muelle. Porque mira que fina y mona sí lo es. Como si hubiese salido de una pintura de Boticelli, con esos pelos largos, ensortijados y dorados,  los ojos en forma de almendra y de color miel, una piel suave, de terciopelo. No como la mía que de tan reseca parece de cocodrilo. Pero los ronquidos…. ¡Uf, que ronquidos! Hacen tanto ruido que es como si al lado de mi cama hubiese una máquina perforadora de hacer obras en la calle. Las paredes tiemblan…

Se llama Susana, tiene veintiún años y es bulímica. Esta es la máxima información que he podido sacarle. Dice que no tiene ganas de hablar (la entiendo porque a mí me ha pasado lo mismo), que cuando esté de humor ya me explicará más cosas.

Cuesta creer que sea bulímica porque es lo que los chicos llamarían una tía buena: no le sobra ni falta nada. No es un esqueleto, como las anoréxicas, como Inés o Antonia. Tampoco una bola de grasa como las bulímicas, como Mónica, por ejemplo. Entonces, si eres bulímica pero no se nota que lo eres, ¿hay algún problema? Pues parece que sí porque está muy agobiada. Además, si no estuviera muy mal no estaría en el hospital. Nadie la obligó a ingresar: fue ella la que lo pidió porque dice que no podía más. Entonces, sí que debe ser un problema ser bulímica aunque estés buenísima y no se te note nada. Se lo tengo que preguntar…

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Alimentación | Anorexia | Salud | Transtorno alimenticio

Anorexia nerviosa a los 40

Cristina CarreteroCristina Carretero
noviembre 3, 2009
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Actualmente, un 6% de la población femenina joven y adolescente está sufriendo un trastorno del comportamiento alimentario (anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y otros trastornos del comportamiento alimentario). Un 11% están presentando alto riesgo de sufrir algún trastorno de este tipo, presentando muchas de ellas síntomas propios de estas enfermedades.

Los estudios epidemiológicos que existen hasta la actualidad se centran en investigar el número de chicas jóvenes afectadas por estas enfermedades, ya que éstas son el grupo de mayor riesgo de padecerlas.anorexia

Ya hace algún tiempo que las asociaciones de lucha contra la anorexia y la bulimia y los especialistas en este campo, advierten del aumento de consultas por parte de personas adultas. Muchas veces, estas personas que presentan un cuadro de anorexia o bulimia nerviosa u otro trastorno no especificado, peregrinan durante mucho tiempo antes de llamar a la puerta de un especialista en este tipo de trastornos ya que no responden al perfil de enfermos/as. Consecuentemente, el inicio del tratamiento puede demorarse.

En la literatura científica no existe ningún estudio riguroso sobre la prevalencia de estas enfermedades en esta franja de edad. Sí que existen indicadores indirectos como el aumento de operaciones de estética, el aumento de seguimiento de dietas restrictivas y el consumo de productos adelgazantes.  Pero no disponemos de cifras exactas sobre el porcentaje de población adulta enferma.

Estos datos podrían darnos más pistas de por qué una persona debuta en anorexia nerviosa a los 40 años o sí bien, ha cronificado su enfermedad durante todo este tiempo. Los resultados permitirían realizar programas de prevención y de tratamiento específicos para este colectivo para evitar la aparición de nuevos casos así como favorecer un pronóstico positivo en la evolución del trastorno.

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